Por Damián Quevedo
Al analizar la situación política es
necesario no caer en formalismos y generalidades, sino tratar de entender qué
se esconde debajo de la superficie de cada hecho concreto y a través de las
proclamas de los partidos. Un ejemplo de esto es la preocupación que los representantes
de los partidos patronales, tanto del gobierno como de Juntos por el Cambio, están
mostrando frente a la posibilidad de que Javier Millei termine realizando una
elección espectacular, como indican prácticamente todas las encuestas.
“No hay que subestimar a Javier Milei”. La frase
se escuchó en dos lugares de pensamientos completamente antagónicos. Uno de los
hombres clave en el armado de Patricia Bullrich aseguró en privado que cuanto
peor esté la economía más chances tiene él de capitalizar la bronca. La lectura
que hacen es que el líder libertario seguirá avanzando en la medida que se
desgasten los precandidatos de Juntos en la campaña rumbo a las PASO y que la
inflación carcoma los bolsillos de los argentinos.
Desde el gobierno caracterizan un escenario electoral similar, mientras que Patricia Bulrich intenta tejer lazos con los "libertarios" con la perspectiva de hacer una lista común o conformar un frente único en la segunda vuelta. El telón de fondo de todos estos tejes y manejes, es la inflación, que según el Indec estuvo en el 6%en Febrero. El aumento de los precios y las tarifas volvió a poner al país en la ruta del 100% interanual, lo cual, sumado a la inseguridad, plantea la posibilidad de un escenario de estallidos, que, de una u otra manera, fue anunciado con la pueblada contra los narcos.
La rebelión popular del 2001 tuvo varios antecedentes, en el sur y norte del país, pero también una expresión –distorsionada- en las elecciones que llevaron a la presidencia a Fernando de la Rua, por el voto castigo contra Menem y una situación social insostenible. El gobierno de la Alianza, que no pretendía motorizar ningún cambio, terminó siendo arrasado por una rebelión en las calles, cuando el movimiento de masas comprobó que las elecciones no resolvieron su situación.
Hoy, aunque todavía no hayan explotado grandes levantamientos obreros, estamos en una situación parecida, con una crisis económica e institucional ascendente -que puede ser mayor a la del 2001- en un contexto internacional desfavorable para los capitalistas, con una economía mundial en recesión y las potencias imperialistas al borde de otra guerra.
Con este panorama, no es imposible que Javier Milei obtenga millones de votos, incluso que gane, no por apoyo popular a sus propuestas, que son esencialmente actos de provocación, sino por un rechazo creciente y profundo a los partidos patronales tradicionales. ¡Esta perspectiva no significará ningún “giro a la derecha” por parte del movimiento de masas, sino una forma de “patear el tablero” por parte de amplios sectores del mismo!
La izquierda debe, en ese sentido, tratar de convertirse en el vehículo a través del cual una parte significativa de la clase obrera y el pueblo pobre canalicen su bronca, castigando al gobierno y al conjunto del régimen. ¡Quienes se reclaman del Socialismo y la Revolución, como el FITu, no pueden dejar que Milei o personajes de la misma talla capitalicen el odio hacia las instituciones! El Frente de Izquierda debe aparecer con la audacia y la decisión que, hasta ahora, no ha tenido, mostrándose como la única fuerza capaz de patear el tablero, de hacer algo distinto.
Más allá de esto, es más que probable que las elecciones sean una expresión, -insistimos, distorsionada- de la rebelión que se está gestando y para la cual los revolucionarios y las revolucionarias nos tenemos que preparar, jugándonos a liderar al movimiento de masas con una política de ruptura con el capitalismo, una política obrera y socialista.
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