Por Damián Quevedo y Juan Giglio
La lucha de clases en Francia, como Carlos Marx titula a una de sus obras, sigue en un camino de polarización, ya que su experimentada clase obrera acaba de protagonizar la octava huelga general en tres meses. Además, comenzó a acompañar las huelgas y movilizaciones con medidas de acción directa, como no cortar la energía eléctrica en los barrios obreros.
Ayer, París amaneció con 10.000 toneladas de basura, debido a la huelga de los recolectores. El acatamiento a los paros y la masividad de las movilizaciones constituyen una situación casi inédita desde los años 60 y 70. Estas acciones de protesta son la respuesta contundente a la burguesía francesa, que pretende aplicar un ajuste histórico y ejemplificador, a través de la reforma jubilatoria.
Los
acontecimientos franceses tienen como base la crisis económica mundial, que
tuvo ahora un salto cualitativo con la sucesión de quiebras bancarias en EEUU y
Europa. Un día después de que el Tesoro
estadounidense asegurara que su sistema bancario “sigue sólido”, las acciones
del First Republic Bank volvieron a desplomarse, con lo cual la entidad quedó
al borde de convertirse en la tercera en derrumbarse por la crisis financiera
que atraviesa la economía de ese país[1].
De la misma manera en que el entrelazamiento del capitalismo hace que la crisis del Silicon Bank se expanda hacia el resto del mundo, la lucha de los trabajadores franceses no es un hecho aislado, sino la vanguardia de un proceso que se está iniciando en términos globales. El comienzo de una situación pre revolucionaria, con condiciones más que favorables para que los trabajadores avancen en su lucha, no solo económica, sino también política.
Estamos ante una nueva realidad política y social, que es el producto directo de la derrota del intento capitalista de desmovilizar mediante las cuarentenas o encierros masivos, lo que, desde nuestra corriente hemos denominado Contrarrevolución Covid, probablemente el ascenso obrero y popular más grande y radicalizado de la historia del Capitalismo.
Desde la
izquierda debemos afrontar este cambio en la situación, entendiendo que tenemos
un deber histórico que cumplir en este tipo de circunstancias, el de construir,
junto a lo más selecto de la vanguardia obrera, una nueva dirección
revolucionaria. ¡Si esto no se concreta, el ascenso y todo lo conquistado se
perderán en la nebulosa, como ha ocurrido en otros momentos históricos! A 140
años de la muerte de Marx, su lema Socialismo o Barbarie, está más vigente que
nunca.

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