Por Damián Quevedo
El impuesto inflacionario continúa
eliminando los magros aumentos salariales, de los trabajadores que están dentro
de la formalidad. El mes pasado la
Canasta Básica Total (CBT) aumentó 8,3% y alcanzó los $177.063, según la
medición del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). Se trata del
estudio que mide el total de gastos que debe hacer una familia tipo para cubrir
el 100% de sus necesidades básicas durante un mes. Por tanto, los hogares que
no tienen ingresos suficientes para llegar a una CBT son considerados
“pobres"[1].
En ese contexto, los alimentos y los productos de uso cotidiano de la clase trabajadora y el pueblo pobre, aumentan por encima del promedio porcentual que publica el INDEC, por lo tanto, la inflación real, la que afecta a amplias porciones de la sociedad, es aún más grande que la que muestran las cifras.
Según los datos oficiales, en el 2022 los
salarios quedaron 4 puntos porcentuales debajo de la inflación y, al comienzo
de este año, la tendencia sigue siendo la misma. En el sector del empleo no registrado, por su parte, sufrió una fuerte
pérdida de ingresos, que ronda los 30 puntos, respecto de la inflación anual[2].
¡Ni qué decir si medimos en función del índice de consumo diario de la
mayoría, esta cifra sería mucho más espectacular!
Al ataque al salario, que representa la inflación, se suman los permanentes tarifazos en el transporte público y los servicios básicos, es decir los principales consumos de los trabajadores. Esto no es casualidad, ni producto de la incapacidad del gobierno, sino parte de un plan de ajuste mediante el cual los capitalistas buscan hacernos pagar su crisis.
La clase obrera está comenzando a romper políticamente con los partidos patronales, entendiendo que todos son cómplices del ajuste, por esa razón en las próximas elecciones tomará la herramienta que considere más útil para castigar a quienes gobiernan o gobernaron. Esto implica la posibilidad de que una parte de los y las de abajo pueda votar a Milei, no por sus ideas reaccionarias, sino porque lo ve como alguien dispuesto a "patear el tablero".
La izquierda, que debe presentarse como la única oposición a los partidos patronales y al sistema que estos representan, debe hacer una campaña más audaz y radical que la que suele hacer, ya que es necesario que aparezca como algo distinto. Si así lo hace, el movimiento de masas, que está rechazando el ajuste, como lo demuestran las protestas por los cortes de luz o contra la inseguridad, la verá como una opción válida y necesaria.
Para eso la izquierda debe, sí o sí,
radicalizar su discurso, diciéndole al movimiento de masas que no le queda otra
que rebelarse, protagonizando otro Argentinazo, para imponer salarios dignos indexados mensualmente de acuerdo al verdadero índice inflacionario, pero tambié, para que se concrete
esa vieja aspiración de los trabajadores y el pueblo de conseguir que “se vayan
todos”… ¡Echándolos a patadas para imponer un gobierno obrero y popular que
inicie el camino al Socialismo!

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