miércoles, 15 de marzo de 2023

El aumento de la temperatura y el infierno capitalista ¡O acabamos con el capitalismo o el capitalismo nos llevará a la barbarie!


Por Damián Quevedo y Juan Giglio

Las altas temperaturas, los cortes y la baja tensión del suministro eléctrico, la provisión defectuosa o inexistente de agua corriente y la pésima infraestructura de la mayoría de los hogares, escuelas, hospitales y lugares de trabajo, profundizaron los sufrimientos de millones, especialmente los sectores más humildes.

Según el último relevamiento realizado por el INTA, al 20 de febrero se habían quemado 100.566 hectáreas (1,13%) de la cobertura provincial. El 91% de la superficie identificada corresponde a esteros, bañados y malezales, con 90.161 hectáreas. En tanto, 958 hectáreas son de bosques cultivados y 1961 de bosques nativos[1].

Esta situación está íntimamente relacionada con la destrucción del medio ambiente por parte del capitalismo, que lo contamina con gases tóxicos y lo destruye incendiando bosques y selvas o, dinamitando montañas. ¡El capital depreda para producir y vender más mercancías, buscando el beneficio inmediato sin contemplar los resultados de esa carrera por el lucro!

De esa manera, para extender los cultivos de la soja transgénica, la burguesía, de la mano de Bolsonaro y Lula, destruye del Amazonas, cambiando de manera brutal el ecosistema de todo el continente, ya que están acabando con el pulmón verde que regula lluvias, inundaciones, migraciones de aves y la vida de millones de habitantes.

En sus inicios, el capitalismo expropió a los campesinos europeos y a los pueblos originarios en África y América, empujándolos a vivir en las ciudades, donde fueron amontonados para ser súper explotados en sus fábricas. Hoy, los grandes negocios inmobiliarios reproducen ese mismo modelo de hacinamiento, sin ningún tipo de planificación, que convierte a las ciudades en grandes moles de cemento que provocan una baja constante de la calidad de vida de millones.

Al igual que en la industria urbana, en la moderna agricultura la intensificación de la fuerza productiva y la más rápida movilización del trabajo se consiguen a costa de devastar y agotar la fuerza de trabajo del obrero. Además, todo progreso, realizado en la agricultura capitalista, no es solamente un progreso en el arte de esquilmar al obrero, sino también en el arte de esquilmar la tierra, y cada paso que se da en la intensificación de su fertilidad dentro de un período de tiempo determinado, es a la vez un paso dado en el agotamiento de las fuentes perennes que alimentan dicha fertilidad.

Este proceso de aniquilación es tanto más rápido cuanto más se apoya un país, como ocurre por ejemplo con los Estados Unidos de América, sobre la gran industria, como base de su desarrollo. Por tanto, la producción capitalista sólo sabe desarrollar la técnica y la combinación del proceso social de producción socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre[2].

Este modo de producción destructivo y anárquico está en una fase de agonía, generando cada vez más crisis, súper explotación, enfermedades,  hambre y una constante y sistemática depredación ambiental. En ese marco, una de las consecuencias inevitables es la escasez y contaminación del recurso natural más importante de todos, el agua.

La lucha contra el capitalismo es un fenomenal combate por los derechos humanos más, como el acceso a este recurso y al resto de los alimentos, por lo tanto una lucha por la supervivencia. ¡El capitalismo pasó de haber jugado un papel progresivo, creando la moderna sociedad, a sumergir a esta misma civilización en la peor barbarie!

No se puede reformar este sistema, a pesar de las proclamas y medidas de los gobiernos, que empeoran las condiciones en las que vive la mayoría de la humanidad, siendo el aumento de las temperaturas, la contaminación, las inundaciones y otras catástrofes, algunas de estas consecuencias. ¡Para defender al agua, la tierra y a toda la naturaleza, que está en peligro de muerte, es necesario liquidar al capitalismo y construir una sociedad más justa, democrática y sustentable, con un gobierno obrero y socialista!



[1] La Nación 14/03/2023

[2] Karl Marx; El Capital, Libro I.

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