Por Damián Quevedo
Luego de las sucesivas subas de tasa de interés de la Reserva Federal, que generaron en las cúpulas del imperialismo yanqui cierta ilusión en cuanto a poder controlar la actual crisis de sobreproducción, quebraron dos de los principales bancos de EEUU, un crack financiero que puede ser el primer episodio de una cadena de quiebras a nivel mundial.
Silicon Valley Bank es la institución financiera norteamericana más grande en quebrar desde la crisis financiera de 2008. Días antes también había caído el banco Silvergate, que se dedicaba al negocio de las criptomonedas, un negocio que viene sufriendo golpes importantísimos.
El Silicon Valley Bank se transformó este viernes en el banco norteamericano más grande en quebrar desde la crisis financiera de 2008. La Corporación Federal de Seguros de Depósitos de Estados Unidos tomó control de los activos de la entidad financiera. En los balances se registran cerca de 175 mil millones de dólares de depósitos de los clientes, entre los cuales se encuentran algunas de las principales firmas de tecnología de California[1].
Ante esta posibilidad, el gobierno de EEUU salió inmediatamente con un salvataje a los bancos, de manera de frenar un efecto contagio en el resto del sistema financiero. Los reguladores federales –de la Reserva Federal, el Departamento del Tesoro y otros organismos– intentaron frenar las preocupaciones anoche anunciando que todos los clientes tanto de SVB como de Signature Bank tendrían acceso a su dinero hoy mismo.
El recuerdo reciente de la crisis hipotecaria de 2008 generó pánico en los mercados, incrementando la posibilidad de una multiplicación de quiebras, no solo en EEUU sino también en Europa. Si bien los bancos que quebraron no tienen vínculo con las grandes industrias, la ligazón de estos bancos con el negocio de las criptomonedas, los hace todavía más endebles para enfrentar una debacle de estas características.
Al mismo tiempo, esta crisis se puede extender a las monedas virtuales invertidas en esos bancos y, a través de estas, a otros sectores de la economía, es decir que el proceso recién comienza y puede tener nuevos y catastróficos episodios. El gobierno yanqui pretende detener la estampida mediante la puesta en marcha de salvatajes bancarios, aunque le resultará difícil concretarlo porque esta crisis no es igual a la del 2008, ya que el contexto mundial es muy diferente.
Ahora, a diferencia de ese momento histórico, en el cual Estados Unidos mantenía la hegemonía política, económica y militar, su poderío está siendo cuestionado por China, que está detrás de la invasión rusa a Ucrania, donde estalló una guerra de grandes dimensiones en el centro de Europa. Los yanquis, que estaban concentrados en su gran rival asiático, ahora, debido a esta situación, tuvieron que dividir la atención y los recursos.
Esta puja inter imperialista por los mercados, es cada vez más álgida y se encamina hacia una guerra abierta. Además, a diferencia de 2008, el mundo arrastra una recesión desde hace más de tres años y, en ese marco, la clase trabajadora comenzó a protagonizar un ascenso en una de las regiones centrales del planeta, Europa, con los trabajadores de Francia e Inglaterra a la cabeza.
La izquierda debe ponerse al frente de estas luchas, impulsarlas en los países donde todavía no han explotado, y, centralmente, agitar un programa cuyo centro sea acabar de una vez y por todas con el Capitalismo, que en su momento de mayor crisis se vuelve total y absolutamente destructivo. Es que, si no acabamos con este sistema inhumano, la tendencia general será caer en la barbarie, que puede incluir un holocausto nuclear.

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