A Maxi lo mató el Estado ¡Viva la rebelión del barrio Los Pumitas, que muestra el camino por el que transitará el próximo Argentinazo!


Por Claudio Colombo

El 5 de marzo pasado, Máximo, un niño de apenas 11 años, que festejaba su cumpleaños con otros pibes y pibas en la puerta de su casa, fue asesinado con balas provenientes de las pistolas de los “transas” del barrio. Maxi jugaba bien al fútbol y quería salir de la pobreza convirtiéndose en alguien parecido a alguno de sus ídolos rosarinos, como Messi o Di María, pero los narcos le truncaron ese sueño, arrebatándole su valiosa vida.

Según las frías y lúgubres estadísticas, durante 2022 murieron 28 niños y niñas en las calles de Rosario, asoladas por la guerra entre bandas, que con el apoyo de tal o cual sector de la política, la justicia y las fuerzas represivas, se pelean salvajemente entre sí con el propósito de conquistar un mercado más que redituable. ¡Por eso, a Maxi lo mátó el Estado, que no está “ausente”, sino es una parte principal de este negocio capitalista!

Los vecinos y las vecinas del barrio Los Pumitas explotaron, cuando advirtieron que el transa, indicado como el asesino de Maxi, abrió las puertas de su "kiosko" mientras velaban a Maxi. Entonces un vendaval de furia largamente contenida atravesó las callecitas del barrio. Lo que empezó prendiendo fuego a la moto del transa se transformó en un torbellino que arrasó ese bunker, tan odiado como temido. El transa, y sus socios que se abroquelaron en terrazas con sus pistolas, terminaron como marionetas escapando y ocultándose de la oleada vindicatoria que pedía sus cabezas.

Apareció la policía, primero intentando salvar a los transas de los previsibles linchamientos, golpeando a la gente, e hiriendo con balas de gomas. Ya el fuego comenzó a comer la vivienda de los transas, quienes fueron sacados por las fuerzas  policiales, que se alejaron del terreno. A esa altura, el duende del rosariazo iluminaba y saludaba  a un barrio de pie, que se levantó, en primer lugar pidiendo justicia por el asesinato de Maxi, pero también cansado de la humillación, de la discriminación, del despojo, de la miseria, de la crueldad policial, del oído sellado del político,  de la noticia mentirosa de algún medio. Todo, absolutamente todo estallo en pedazos. La gente habló  con los hechos. (Horacio Tabares -pcr.org.ar- 8 de marzo)

Más allá de cómo continúe la situación del barrio y del resto de Rosario, lo que sucedió luego del crimen de Maxi es un antes y un después en la realidad política nacional, porque demuestra, con hechos más que concretos, que los trabajadores y el pueblo, cuando se lo proponen, son capaces de enfrentar enemigos poderosos, como las redes de narcos que pululan por todo el país envenenando buena parte de la juventud. ¡Para eso, no existo otro método que no sea el de la acción directa!

La explosión de odio e indignación en Los Pumitas, es, en definitiva, síntoma y germen a la vez, de la rebelión que se aproxima como reacción masiva contra el ajuste que destruye las vidas de millones. Esto lo saben los capitalistas y sus lacayos, oficialistas y opositores, que, aterrorizados por esta perspectiva, coinciden en la necesidad de enviar tropas a las zonas “calientes”. ¡No para combatir a los narcos, ya que los jefes de las fuerzas represivas son, en su mayoría, socios del negocio, sino para amedrentar y reprimir a las bases obreras y populares!

La izquierda no puede mirar para otro lado, ni declamar fórmulas abstractas o meramente estratégicas, frente a este tipo de situaciones debe, sí o sí, ponerse a la cabeza de la reacción popular, jugándose a darle un cauce revolucionario. Para eso, tiene, tenemos en definitiva, que alentar la organización de grupos de auto-defensa en los barrios, que salden cuentas con el narco-negocio, pero que también se preparen para enfrentar a las fuerzas represivas, protegiendo a las luchas y los luchadores.

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