Por Claudio Colombo
El 25 de enero se conmemorará otro aniversario del
fallecimiento de Nahuel Moreno, fundador de la corriente de la cual proviene la
mayoría de las organizaciones revolucionarias de este país, como la nuestra.
Desde CS reivindicamos su trayectoria, a pesar de que hemos criticado algunas
de sus caracterizaciones y orientaciones políticas importantes. (Leer crítica a
NM)
Reivindicamos a Moreno, porque se propuso sacar al trotskismo de las
discusiones de “café”, con el propósito de instalarlo en lo más profundo del proletariado, de
manera de construir una organización internacional e internacionalista que se
juegue a aprovechar todas las oportunidades de la lucha de clases para hacer
avanzar las luchas y la consciencia de la clase trabajadora.
En ese sentido, uno de sus escritos fundamentales es
"Partido Leninista o Partido Mandelista" (Leer texto completo)
a través del cual polemizó con Ernst Mandel sobre el carácter del partido
revolucionario y sus políticas, polémica parecida a la que sostenemos con
quienes defienden al teórico italiano Gramsci, como el PTS y otros grupos.
(Ver artículo de
debate)
En ese libro, la militancia revolucionaria descubrirá por qué, los centristas de izquierda de esa época y de
ahora, en vez de interpretar y tratar de representar las aspiraciones de la clase
trabajadora, en su conjunto, sucumben a las presiones de lo que consideran su vanguardia, un método que los empuja, más allá de sus aspiracones, a capitularles a las direcciones reformistas.
“Nosotros creemos que el origen de las
diferencias que tenemos con la mayoría en todos los terrenos -teórico,
programático, estratégico y táctico- nace de una fundamental: la que mantenemos
respecto al método de construcción de nuestras secciones. Los compañeros de la
mayoría, entre los cuales se destacan Mandel y Germain con sus trabajos
teóricos, plantean una serie de definiciones y tareas que pretenden cambiar las
normas leninistas de construcción del partido.”
“Para ellos, el sector esencial sobre el
cual debemos volcar nuestra propaganda y agitación, el que define los rasgos
fundamentales de nuestra política, es la "vanguardia de masas", que
existe en todo el mundo. Estas afirmaciones se han transformado en un verdadero
principio. Para asegurarnos el éxito de nuestra estrategia, que consistiría en
ganar la hegemonía dentro de la vanguardia, deberíamos emplear dos tácticas:”
“Realizar campañas políticas cuyos ejes
estén definidos por las inquietudes de la vanguardia, con la única condición de
que dichas inquietudes -no se opongan a la lucha de las masas- y
concentrarnos lo más posible para hacer conocer las acciones
"ejemplares" de la vanguardia". “Una vez que hayamos ganado a
esa vanguardia de masas, la utilizaremos para dos tareas. La primera, ayudar a
los obreros avanzados de los sindicatos a luchar contra la burocracia; la
segunda, propagandizar y agitar entre estos obreros la necesidad de que se organicen
en comités de fábrica y órganos de poder dual para recibir preparados cualquier
oleada futura de luchas masivas generalizadas.”
“Para completar este esquema, Mandel
eleva esta concepción, que al principio aparecía como específica de la actual
etapa, al terreno general. Ya no se trata de la función de nuestros partidos en
esta etapa y para una región, sino de su carácter para todo el mundo y toda la
historia. Esta concepción no solo se opone a la leninista-trotskista de
construcción del partido, sino que no sirve para nada: ni siquiera para ganar a
la vanguardia (a lo sumo permitiría que la vanguardia nos gane a nosotros para
sus acciones "ejemplares").
“Para los bolcheviques, las cosas son de
otro modo: el partido revolucionario tiene que ganar la hegemonía política en
la clase obrera y el movimiento de masas. Esto se consigue trabajando sobre
ellos, con una política que se plantea para que ellos la tomen. Sólo cuando
esto ocurre se puede derrotar a la burocracia. Y así solamente el partido gana
su derecho histórico a ser considerado el partido revolucionario, la vanguardia
de la clase obrera en la lucha contra el capitalismo.”
La política “vanguardista” de los mandelistas, reeditada en la actualidad por los gramscianos, como el PTS y otros grupos, ni siquiera significa sucumbir a las aspiraciones de los sectores más combativos de la clase obrera, sino un activismo supuestamente más avanzado en términos "ideológicos". Esta vanguardia, que defiende, de palabra, ciertas ideas izquierdistas, tiende a ser arrastrada por las organizaciones “nacionales y populares”, “bolivarianas” o progresistas.
Este tipo de centristas cree que la consciencia se expresa,
centralmente, a través de las palabras o los escritos de las personas que
integran una determinada clase social. Por eso, no tiene en cuenta -como
cuestión fundamental de sus análisis- a las acciones del movimiento de masas, su
dinámica y la manera en que se organiza para llevarlas adelante, sino a los discursos de esta supuesta “vanguardia ideológica”.
Debido a este método de analizar la realidad, que tiene un carácter idealista -porque se basa en las ideas- los centristas tampoco saben distinguir cuál es la verdadera vanguardia,
yendo, la mayoría de las veces, a la rastra de una retaguardia que esconde su
esencia -reaccionaria- detrás de un palabrerío progresista, izquierdista, feminista, antiimperialista u
obrerista.
La crisis de los regímenes democrático burgueses y de los grandes partidos de izquierda, que no son ajenos a esta, nos obliga a retomar el método con el que Moreno discutió con Mandel, para saber cuáles son las verdaderas relaciones de fuerza entre las clases y en donde se encuentran los destacamentos de vanguardia del proletariado. Hacer eso nos permitirá calibrar la “puntería” a la hora de disputar la conducción del movimiento de masas.
La construcción del partido revolucionario no se pone en práctica solo discutiendo las políticas y caracterizaciones de las organizaciones reformistas y reformistas, sino también con los partidos y dirigentes de la izquierda revolucionaria, que, utilizando un método de análisis equivocado les terminan haciendo el juego a los enemigos "progresistas" de la clase trabajadora, como hizo Nahuel Moreno con el mandelismo.

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