Por Damián Quevedo
Si parecía que luego de la inmensa movilización que ocupó las calles de todo el país, se aproximaba cierta calma en las alturas, nada de eso sucedió. Ahora, debido a la negativa presidencial a acatar un fallo de la Corte Suprema, se desató una fenomenal pelea por la desvencijada caja del Estado, relacionada a los fondos federales que se reparten las provincias.
Los vice gobernadores de 16 provincias expresaron
que el fallo de la Corte Suprema de Justicia que dispuso que el Gobierno
Nacional le pague a la Ciudad de Buenos Aires (CABA) el 2,95% de la masa de
impuestos coparticipables representa "una injusticia que anula un acto de
equidad y genuino federalismo"[1].
Este nuevo y feroz combate entre los de arriba, golpea aún más al gobierno nacional y al peronismo, que había volcado todas sus expectativas en sostener a los gobiernos provinciales y las intendencias, ante la expectativa de una fuerte derrota en las próximas elecciones. ¡Queda claro, que este cambio presupuestario, achica la caja con la que Alberto pretendía financiar las campañas electorales de sus acólitos!
También, por si faltaba algo, la Corte puso contra la pared al presidente, ya que su desacato lo empuja hacia una confrontación abierta y directa contra todo el poder judicial, una situación que había tratado de eludir hasta el momento, a pesar de los reclamos del kirchnerismo. Arrastrado por los gobernadores, Fernández entró en una batalla, que, como todo lo que hace y lo que pasa a su alrededor, lo excede.
Ayer, Alberto Fernández tomó la decisión de no acatar un fallo de la Corte Suprema de Justicia, un fallo que, por unanimidad, ordena que inmediatamente el Estado Nacional restituya a la Ciudad el 2.95% de la masa coparticipable[2]. Este nuevo episodio de la rapiña entre piratas locales de distintos colores, debilita al régimen de conjunto, y, con ello, la perspectiva de un recambio ordenado para el año próximo.
Los trabajadores, sin tomar parte por ninguna de estas bandas, que utilizarán todo lo que recauden para continuar ejecutando sus planes antiobreros, debemos aprovechar esta grieta entre los de arriba para salir a luchar, con un propio programa político y económico propio. La izquierda tiene que ponerse a la cabeza de estas luchas, ayudando a crear el Centro Coordinador de la Resistencia que las organice y nutra de una orientación independiente.
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