Por Juan Giglio
Gran parte de la izquierda que se reivindica revolucionaria decidió apoyar “críticamente” a Lula -en la segunda vuelta electoral de Brasil- con el propósito de enfrentar el supuesto avance de la “ultraderecha” o del "fascismo" cuando, en realidad, los dos proyectos en pugna no se diferencian demasiado, salvo en las formas.
Organizaciones brasileras hermanas del MST,
Izquierda Socialista, Nuevo MAS y el PSTu, cayeron en la trampa del populismo, justo en momentos en que Lula emprende un giro brutal hacia la derecha, con la intención de capturar el
voto de los sectores más conservadores. Otros grupos, como el PTS, aunque aún no han decidido su voto, ponen el centro de su agitación en la necesidad de "enfrentar a Bolsonaro", lo cual, en medio de la campaña, es una definición a favor de Lula.
El candidato del PT, que acaba de definirse
en contra del aborto, concretó varias reuniones con los principales empresarios
del país, de manera de brindarles total y absoluta seguridad en cuanto a la continuidad
de sus negocios, basados en la súper explotación de millones y la depredación
de los recursos, la misma línea que defiende Bolsonaro. ¡En Brasil no existe ningún peligro de avance del fascismo,
que para crecer debe contar con un movimiento de masas dispuesto a aplastar, con métodos de guerra civil, a las organizaciones de la
clase trabajadora y la izquierda!
Tampoco, el poderoso ejército de ese país, tiene la
intención de embarcarse en una aventura putchista, ya que sus
generales, que tienen buen olfato de clase, saben que resultaría imposible
de concretar. Por más que Bolsonaro declare sus simpatías con ideas ultrareaccionarias, está condicionado por la realidad, que lo obliga a jugar el papel de dirigente burgués
dentro de las instituciones “democrático burguesas”, que, en un Estado fascista, debería anular.
Adjudicarle un poder que no tiene es una grave equivocación de
parte de quienes deberían presentarse como enemigos acérrimos de ambos
candidatos. La izquierda revolucionaria debe trazar rayas con Bolsonaro y Lula y llamar a los
trabajadores a votar en blanco, anular el voto o abstenerse de votar, junto con prepararse para luchar contra las políticas de ajuste que impondrá
cualquiera de los dos, dándole continuidad a los planes de la gran burguesía, la
verdadera dueña del poder.

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