El gobierno, en medio de una nueva crisis, prende velas a "San" Messi de Qatar
Por Damián Quevedo
La renuncia de
tres ministros del gabinete de Alberto Fernández, erosiona aún más la frágil
gobernabilidad y pone en evidencia que la tregua entre las facciones peronistas
se terminó. Son horas críticas para
Alberto Fernández; redefine su gabinete y tiene el diálogo interrumpido con
CFK; el ministro de Economía estuvo con ella en el Senado; más ministros
quieren volver a sus distritos para cortar la “jugada independentista” de La
Cámpora[1].
Luego de la ministra de géneros y diversidades les siguieron los trabajo y desarrollo social, dos funcionarios de confianza y decisivos para la gestión presidencial, ya que sus carteras se encargan de la asistencia social -en el país de la pobreza- y los conflictos laborales, que tienden a incrementarse luego de la huelga victoriosa del SUTNA.
La posibilidad de crecimiento de nuevos y más duros combates salariales y la división interna en la CGT abrieron una profundísima grieta, que no se va a cerrar en medio de la crisis, contexto dentro del cual Pablo Moyano rompió, de manera temprana, el pacto con el gobierno, amenazando con huelgas y movilizaciones contra el impuesto inflacionario y cualquier techo salarial.
Estas últimas renuncias son, en gran medida, el resultado de la puja por la retaguardia en el manejo del Estado nacional y su correlato a nivel distrital, por eso, los hasta ayer ministros, pretenden volver a sus distritos para pelearle espacios a la Cámpora, que quiere refugiarse en territorio bonaerense, el único, quizá, donde el PJ mantenga algo de su influencia electoral.
La lucha por estos feudos, que serán una
tajada sustancial para los peronistas, que ya ven resignada cualquier
posibilidad presidencial para el 2023, erosionan de manera brutal a la gobernabilidad y al Frente de Todos, haciendo mucho
más lejanas las próximas elecciones. Con
las salidas de Claudio Moroni y Elizabeth Gómez Alcorta, solo quedan cinco de
los 20 ministros que iniciaron la gestión con Alberto Fernández[2].
Todavía faltando un año para las elecciones, el gobierno deberá pasar la prueba de diciembre, que siempre es un mes siempre crítico en materia de ánimo social. Desde el oficialismo apuestan al poder adormecedor del mundial, donde Argentina tiene condiciones de posicionarse como uno de los mejores equipos. ¡Por eso, todos, desde Alberto hasta Cristina, pasando por Massa, Máximo y demás, prenden velitas a “san” Messi de Qatar!
La izquierda debe
aprovechar las actuales circunstancias para ubicarse en el centro de la escena,
apareciendo con audacia como la única fuerza capaz de sacar a la Argentina de la
crisis, promoviendo una revolución social que dé lugar a un
gobierno obrero y socialista. Para eso, sus militantes tienen que
ganar liderazgo en el terreno más importante, los conflictos
obreros, que se multiplicarán y radicalizarán en la medida en que se profundice el ajuste.



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