Por Damián Quevedo
La tradicional ceremonia del 17 de Octubre está mostrando, incluso antes de la fecha, un nuevo gran quiebre dentro de las filas peronistas. El kirchnerismo “duro”, con La Cámpora a la cabeza, realizará su acto junto con la CTA de Yaski, mientras que la CGT hara el suyo en el estadio Obras y los piqueteros “cayetanos” asistirán a misa en Laferrere.
La organización de tres marchas no refleja solo
las grietas frentetodistas, sino también, dentro de la CGT. Es que mientras
Pablo Moyano marchará con La Cámpora y compañía, los otros dos triunviros de la
central, Héctor Dáer y Carlos Acuña, asistirán a otro de los grandes actos de
la jornada. La conducción de "los gordos" e "independientes"
celebrarán el Día de la Lealtad en Obras Sanitarias[1].
Es el fin de la unidad nacional generada luego de la irrupción de los "Copitos", ya que las bandas que integran el arco nacional y popular se están mostrando los dientes, de cara a las próximas elecciones. Entre todas las divisiones, que exponen la absoluta soledad del presidente, Alberto Fernández no participará oficialmente de ningún acto. ¡Tampoco, ninguna de las organizaciones reclama su presencia!
La base de esta grieta es la crisis económica que se acelera y no tiene resolución. Los dólares, que ingresan vía FMI y BID, salen inmediatamente para contener una mayor disparada de la moneda estadounidense, tratando así de evitar una escalada inflacionaria aún más grande. Las cuentas del BCRA están en rojo desde hace una semana, a pesar de que la rueda de endeudamiento gira cada vez más rápido, esto es bajo cualquier ángulo una bomba de tiempo.
El Banco Central (BCRA) cerró una semana a pura
venta de reservas, como lo no hacía desde la primera de agosto, al tener que
asistir al mercado hoy con otros US$68 millones de su tenencia neta, la que
vuelve a ser sistemáticamente erosionado tras el refuerzo “caro” que recibió
durante la vigencia del dólar soja[2].
En este marco, el 17 de Octubre se convirtió, de día de la lealtad a fecha de la debacle peronista, que perdió cualquier arraigo y capacidad de dirección en el movimiento obrero y, ahora, está a punto de perder el manejo del aparato del Estado. Esto no significa en absoluto, un vuelco del movimiento de masas hacia "la derecha", más allá de que Cambiemos pueda ganar las próximas elecciones.
Lo que realmente está sucediendo es un rechazo de la clase obrera y el pueblo, al intento bonapartista del gobierno, es la crisis del peronismo, de la burocracia y la derrota de la política contrarrevolucionaria -el “quédate en casa”- que intentaron imponer aprovechándose del Covid. La tendencia general, igual que en todo el continente, es a gobiernos cada vez más débiles, que para sostenerse tendrán que apelar a la última carta del sistema, la política represiva.
Pero, esa línea no les asegurará nada, sino que empujará hacia una mayor polarización social, dentro de la cual, la contrarrevolución y la revolución se toparán de frente como nunca antes. La realidad, entonces, deja a la izquierda frente a nuevas oportunidades, si es que sus dirigentes se deciden a enfrentarla con la audacia y el programa que reclaman las actuales circunstancias.

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