domingo, 25 de septiembre de 2022

Se le acabó el "veranito" de tranquilidad a Sergio Massa y la crisis se acelera


Por Damián Quevedo

Se terminó la luna de miel del ministro de economía o, viste en otro sentido, se podría decir que se le están acabando los “súper poderes” que le otorgó la jefa del PJ.  El tercer ministro de economía de este gobierno, luego de la huida de Guzmán y del efímero paso por la cartera de Silvina Batakis, tuvo algunas semanas de calma, gracias al aprovechamiento de sus estrechos contactos con las altas esferas del poder estadounidense y cierto apoyo político de todas las bandas que integran el gobierno.  

Ese apoyo, que duró menos de 60 días, se acabó luego del gesto hacia los capitalistas agrícolas, a través del llamado dólar soja, una política, que si aunque contentó a este sector de la burguesía, puso de “punta” al resto, que reclamó un trato similar. La frágil unidad del Frente de Todos se fracturó por esa sencilla razón, ya que cada una de sus fracciones responde, o trata de responder, a diferentes grupos de la patronal, nacional e internacionalmente. ¡Cuando la torta no alcanza para todos, lo que prima no es el consenso sino las peleas para seguir comiendo la misma porción que antes!  

El primer gesto de ruptura con Sergio Massa y sus tácticas económicas, vino del presidente del Banco Central, que borró con el codo lo que se había firmado con los productores del “campo”, al negarles el acceso a la divisa norteamericana. El segundo vino del propio presidente, que viajó a los Estados Unidos después del ministro, para reafirmar con palabras lo que contradijo con gestos. Las declaraciones de apoyo a Massa cayeron en saco roto, debido a la decisión de Alberto de viajar solo, demostrando un inédito afán de posicionamiento personal.  

En ese contexto, que pone al gobierno nuevamente al borde del abismo, el único logro del superministro es la aprobación y el desembolso de un nuevo préstamo por parte del FMI, que en el contexto de crisis actual no produce ninguna mejora, sino, más bien, todo lo contrario. Este jueves, el Gobierno desembolsará US$ 1.700 millones correspondientes a la segunda parte de los vencimientos correspondientes a septiembre. En la víspera el Ejecutivo pagó al Fondo Monetario Internacional (FMI) US$ 890 millones, con lo que ambos montos sumarán US$ 2.590 millones.  

Los pagos serán compensados más adelante a través de un desembolso de US$ 3.885 millones que enviará el banco de última instancia, luego de que el Directorio del organismo, en los próximos días, apruebe la segunda revisión del acuerdo, que ya cuenta con el visto bueno del staff técnico[1]. ¡Queda claro, que este ciclo de renovados endeudamientos -para pagar la deuda contraída anteriormente- en medio de la recesión mundial y el estancamiento de la economía local, es una bomba de tiempo!  

La crisis política que atraviesan el gobierno y la oposición patronal, pone en un brete a la clase dominante, que no tiene un candidato para el recambio presidencial, que pueda garantizar el curso del ajuste. En primer lugar, porque Alberto Fernández está en su peor momento, con una imagen pública, según las últimas encuestas, que es aún peor que la que tenía Fernando De La Rua en el peor momento de su gobierno.  

Cristina Fernández, que lo acompaña en la caída, es vista como quien ejerce realmente la presidencia del país, por lo tanto, como la cabeza ejecutora del ajuste, lo cual potencia la bronca, más bien odio, del conjunto, hacia un gobierno cada vez más alejado de los intereses de la clase trabajadora y el pueblo. ¡El operativo “clamor”, promovido por La Cámpora para lanzar su candidatura, fue tan breve como el "efecto atentado"!  

La izquierda mayoritaria, hablamos del FITu, si no quiere acompañar a los partidos patronales en su debacle, debe romper el pacto tácito que tiene para con el gobierno. Sus partidos han caído en la trampa tejida por el kirchnerismo, ya que siguen jerarquizando la denuncia de una amenaza fascista -inexistente- en vez de convocar, con todas sus fuerzas, a derrotar al enemigo principal de los y las de abajo, el ejecutivo comandado por los Fernández.  

La tarea de quienes se reclaman revolucionarios no es otra que la de llamar a pelear contra el ajuste y los ajustadores, promoviendo la realización de asambleas de base e instancias de coordinación, nacionales y regionales. Para impulsar esa dinámica hay que poner en pie una nueva dirección política y sindical de la clase trabajadora, desafío que deben encarar las fracciones, grupos y partidos que rompan con la lógica que de la izquierda que camina de acuerdo a la agenda que le marca el “progresismo” local.



[1] Perfil 22/09/2022

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