Imagen: Juan Grabois -impulsor del "Salario Básico Universal", junto al mentor de este proyecto reaccionario, el diputado Itaí Hagman, del Frente Grande
El Vaticano, a través de uno de sus principales
voceros -Juan Grabois- viene insistiendo en la necesidad de crear un Salario
Básico Universal, con el supuesto propósito de enfrentar la difícil situación económica por la
que atraviesan millones que viven de changas o
trabajos informales por los que cobran remuneraciones muy bajas.
La iniciativa ingresada semanas atrás en la Cámara baja
se funda en la premisa de que la inmensa mayoría de las personas que serían
beneficiarias de este nuevo derecho ya trabaja en actividades no registradas,
ganando apenas lo elemental para la subsistencia diaria, y sin gozar de
los derechos consagrados para los trabajadores formales como
obra social... Por eso, un refuerzo de ingresos que sea universal contribuiría
a garantizar un piso mínimo de recursos económicos. (www.Iprofesional.com 20 de julio)
Este pago sería de 14.400 pesos a valores actuales, de
acuerdo al proyecto presentado por el diputado del Frente Grande Itaí Hagman. Mientras
tanto, desde el kirchnerismo, a través de la senadora Juliana Di Tullio, están
pergeñando otra ley, según la cual, esta suma sería abonada a menos personas
que las que propuso inicialmente Hagman.
Mientras que el proyecto de Hagman apunta en principio
a un universo de 7,5 millones de personas sin ingresos formales, la
propuesta de Di Tullio no sería tan abarcativa, ya que solamente se destinaría
a familias de cuatro miembros o más que no alcancen a cubrir la canasta
alimentaria. Por ahora, sin embargo, no hay mayores precisiones y la iniciativa
se maneja con cautela y hermetismo. (www.Iprofesional.com,
20 de julio)
Este tipo de asistencias para compensar
ingresos bajísimos pagados por los patrones más explotadores, no son nuevas.
Muchos años atrás, en Inglaterra -durante el reinado de Isabel I- existían las “Leyes
para pobres”, a partir de las cuales el Estado garantizaba el pago de una determinada
suma de dinero, para ser destinada a personas que cumplían sus labores en las propiedades
de ciertos terratenientes.
En ese mismo país, a partir de 1795, se concretaron los
“Acuerdos de Speenhamland”, que dieron lugar a la creación de un subsidio móvil para pobres, de acuerdo al número de integrantes de sus familias y el costo del pan. Así complementaban la renta de los
jornaleros y sus familias, que, con las magras remuneraciones que recibían, no podían
resolver sus necesidades más elementales, como acceder a una vivienda o alimentarse.
Marx y Engels denunciaron implacablemente este tipo de “leyes
para pobres”, explicando que los dueños del poder las utilizaban
para disciplinar a quienes debían transformarse en asalariados. Los fundadores
del Socialismo moderno, indicaban, además, que este tipo de pagos servía para
mantener los salarios bajos, ya que los terratenientes preferían contratar
personal regido por estas leyes.
Detrás del proyecto de Itaí Hagman están agazapados sectores patronales que ven la posibilidad
de pegarle un golpe durísimo al poder adquisitivo del conjunto de la clase
trabajadora. Por esa razón, los representantes eclesiásticos de estos empresarios están "trabajando" para crear un marco legal que los ayude a “institucionalizar” la
pobreza, la indigencia y las condiciones laborales más deplorables.
Exigir la entrega de planes sociales -que es el centro de la
prédica de muchos movimientos ligados a la izquierda- o pedir este “Salario Universal”, atenta directamente contra las necesidades
de millones, que quieren salir de la pobreza consiguiendo un empleo digno, con
todo lo que eso significa en cuanto al cobro de un salario en blanco, que
cubra las necesidades que el Capitalismo ya no garantiza.
Hay que movilizar y concentrar
fuerzas alrededor de las grandes empresas, para imponerles a sus patronales la
contratación de miles, bajo los convenios vigentes. Esto se podría lograr su se reducen las horas laborales -a seis- y se reparte el tiempo sobrante entre los desocupados. Mientras tanto, el Estado podría organizar
un Plan de Obras y Servicios -para tomar a millones- financiado con fondos
provenientes del no pago de la deuda al FMI e impuestos progresivos a las grandes empresas.
Propuestas socialistas para crear trabajo y acabar con la
desocupación
1) Los planes se convertirán en seguro
estatal obligatorio para quienes los están cobrando, por un valor de 70.000.-
que es, según el INDEC, el sueldo promedio de la clase trabajadora argentina.
Así, ningún compañero o compañera que cobre el seguro será utilizado o
maniobrado por las intendencias o ciertos movimientos sociales que lucran con
su desesperación.
2) Todo trabajador o trabajadora que se quede sin
trabajo, a partir de la imposición de esta normativa, pasará a cobrar el seguro
hasta que consiga volver a trabajar. Este pago será indexado de acuerdo al
porcentaje promedio que los gremios negocien en paritarias.
3) Para que millones de compañeros y compañeras
consigna empleo, el Estado pondrá a funcionar un Plan de Obras y Servicios a
nivel nacional, financiado con fondos provenientes del desconocimiento de los
pagos de las deudas contraídas con organismos financieros internacionales, como
el FMI y otros.
4) Para evitar que este plan -como siempre
sucede dentro del Capitalismo- termine siendo una fuente de corrupción y de
manejos punteriles, será controlado por comisiones de trabajadores y trabajadoras
que rendirán cuentas a sus bases, y que, además, serán cambiadas por otros y
otras, cada seis meses, de manera de impedir cualquier tipo de
burocratización.
5) Las grandes empresas proveerán con
tecnología y fondos propios, a través del cobro de impuestos progresivos. Las
compañías que fueron privatizadas serán renacionalizadas -bajo control obrero-
y pasarán a depender de este Plan, que no solo servirá para brindar trabajo a
millones, sino para elevar la calidad de vida del conjunto. Por eso, se harán
obras ligadas a cuestiones vitales, como el transporte, la construcción de
viviendas, hospitales y escuelas, etc.
6) Aquellos trabajadores o trabajadoras, que,
debido a su situación personal -edad, salud y otros inconvenientes- no estén en
condiciones de reintegrarse al sistema productivo, a través de este Plan de
Obras y Servicios o siendo tomados por otras empresas, continuarán cobrando el
seguro, que tendrá un carácter universal.
7) Todas las empresas importantes y
multinacionales deberán -bajo pena de expropiación si no cumplen- incorporar a
miles de trabajadores y trabajadoras a sus planteles. Para facilitar el ingreso
de nueva mano de obra, rebajarán la cantidad de horas laborales -llevándolas a
6 por día- de manera de repartirlas entre “viejos” y “nuevos”
empleados.
8) Para conseguir todo esto será necesario
luchar contra el gobierno y las patronales, ya que, todos ellos, son enemigos
de este tipo de soluciones. Es que, como capitalistas, piensan que las crisis
las deben pagar los laburantes, nunca ellos. La clase obrera ocupada debe
liderar esta pelea, porque, de ganarse, será directamente beneficiada. Los
movimientos sociales deberán concentrarse en las puertas de las grandes
empresas, como sucedió en los inicios del movimiento “piquetero”.
9) Los trabajadores activos y los que no tienen trabajo rodearán las fábricas y empresas, exigiendo e imponiendo la incorporación de compañeros y compañeras en condiciones de ingresar. Las marchas hacia las instituciones del Estado deben tener el mismo objetivo, exigiéndole que garantice la creación del seguro universal y de trabajo genuino a través de estas medidas.

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