sábado, 2 de julio de 2022

Las coordinadoras de 1975, un ejemplo para la clase obrera actual


Por Juan Giglio

Por Juan Giglio 

Durante los 70, la burguesía necesitó contar con los servicios del general Juan Domingo Perón para frenar la enorme marea clasista, que cuestionó el dominio de los sindicatos por parte de la podrida burocracia sindical peronista. Luego del Cordobazo, motorizado por trabajadores y estudiantes, dio lugar a una nueva relación de fuerzas entre las clases, que se extendió desde la provincia mediterránea hasta el proletariado bonaerense. 

Con la vuelta de Perón -en 1973- los capitalistas se jugaron a imponer el “Pacto Social”, de manera de atar a los y las de abajo al carro de la burguesía. Sin embargo, una parte muy significativa de la clase obrera se dio cuenta de que Perón, apoyándose en la burocracia sindical, tenía el plan de que la crisis capitalista cayera sobre las espaldas de lo que él denominaba “Columna Vertebral” del Justicialismo.

Para concretar esa política, el gobierno peronista, en 1975, suspendió las negociaciones colectivas y congeló los salarios. Con esta “tregua” social a su favor -no votada en ninguna asamblea de base- las patronales sintieron que tenía las manos libres para despedir a mansalva. Mientras tanto, la Ley de Asociaciones Profesionales les garantizaban el control de los gremios por parte de sus aliados estratégicos, los burócratas peronistas.

Esta realidad, que sucedía en un contexto internacional de grandes luchas obreras, fue el caldo de cultivo que permitió el surgimiento y desarrollo del clasismo, un gran movimiento que cuestionó la alianza, defendida por el Peronismo, entre patrones y trabajadores. En ese marco, la izquierda revolucionaria ganó una excelente ubicación, conduciendo decenas de comisiones internas de fábricas y algunos sindicatos.

El plenario de Villa y la Coordinadora Nacional 

En marzo de 1974, durante el Plenario de Villa Constitución -convocado por la seccional de la UOM, dirigida por Piccinini- para celebrar su triunfo contra la burocracia, participaron prácticamente todas las organizaciones de izquierda, como el PRT/El Combatiente, Vanguardia Comunista, PCR, FAS, PST, Política Obrera y otras. También estuvieron presentes dirigentes clasistas: Tosco, Salamanca, Mera, Paez, Flores, Suffi, Bizi y otros.

En ese ámbito tuvo lugar un acalorado debate en cuanto a la posibilidad de poner en pie una coordinadora nacional para apoyar los conflictos y garantizar la autodefensa contra la burocracia y la Triple A. Las delegaciones del PST y de otros grupos menores, defendieron esta perspectiva, que, aunque fue rechazada por la mayoría, obtuvo cerca del 40% de los votos, expresando una tendencia muy potente dentro del activismo combativo. 

Lamentablemente, la inexistencia de un organismo de estas características, se terminó convirtiendo en un problema gigantesco, no solo para el activismo combativo sino para el conjunto del proletariado, ya que, en los hechos, su ausencia fortaleció a la burocracia sindical, que desarmó política y organizativamente al movimiento obrero frente al golpe de estado, que ya se venía gestando. 

La gran ofensiva contra la clase obrera 


Con la muerte de Perón, producida el 1° de julio de 1974, asumió la conducción del país Isabel Martínez de Perón –“Isabelita”- quien asumió la tarea de profundizar el ataque contra las condiciones laborales del movimiento obrero, mediante métodos fascistas. Por esa razón, desde principios de 1975, la resistencia contra el Plan de Ajuste y el “Pacto Social” constituía la tarea central de los trabajadores/as. 

La situación política y social empujó a decenas comisiones internas y cuerpos de delegados, que carecían del apoyo de los sindicatos estatizados, a coordinar sus reclamos, una manera práctica de fortalecerse frente a la prepotencia patronal. Este proceso pegó un salto de calidad, a partir de la consolidación de coordinadoras fabriles del Gran Buenos Aires, principalmente la de zona norte, que involucró a grandes empresas de esa región, altamente industrializada.

Algunas empresas importantes que formaron parte de estas Coordinadoras fueron: Ford, los Astilleros Ascarza, Editorial Abril, General Motors, Peugeot, el Frigorífico Swift,  Propulsora Siderúrgica, Fiat, Rigolleau, Mercedes Benz, Alpargatas, Del Carlo, Aceros Johnson, Saiar, Rodhia, Deca, Citroen, Wobron, etc. También había sectores de los bancarios y docentes. Estos últimos venían de organizar, un año atrás, la CTERA. ¡Así fue que esta forma organizativa continuó extendiéndose! 

14250 o Paro Nacional… 


El 4 de junio de 1975 asumió como ministro de economía Celestino Rodrigo. Mientras tanto, la burocracia trataba de negociar con el gobierno para no tener que convocar a la huelga general. ¡Sin embargo, Isabelita, que se mantuvo inflexible, anuló los acuerdos conseguidos en las paritarias e impuso, por decreto, un techo del 40%, que estaba a años luz de la inflación, que había llegado casi al 200%!

El decretazo peronista provocó la explosión obrera. Las grandes fábricas pararon el 27 de junio y, desde entonces, se sucedieron diariamente todo tipo de movilizaciones en donde las bases les exigían a los burócratas que ordenen la realización de un Paro General, con continuidad hasta lograr la homologación de los convenios anulados por Isabel Perón, López Rega, Rodrigo y compañía.

Las marchas dirigidas por las coordinadoras se concentraron frente al edificio de la CGT, reclamando la aplicación de la Ley de Paritarias, sintetizada como “14.250 o paro nacional. El plan de lucha, que, en los hechos, había comenzado a gestarse, ubicó a esta consigna en el centro de sus reivindicaciones. El 3 de julio las coordinadoras llamaron a marchar a Plaza de Mayo levantando contra el gobierno y por la homologación de los convenios.

El gobierno, que ordenó la represión, envió la policía para atacar a la columna de 15.000 compañeros y compañeras de la Zona Norte en Panamericana y General Paz. La Coordinadora de Zona Sur, con 7.000 manifestantes, se enfrentó a los uniformados en el viejo Puente Pueyrredón, mientras que en Capital más de dos mil obreros de los turnos mañana y tarde fueron gaseados en las puertas de Grafa. 

La represión dejó más de un centenar de trabajadores detenidos. A pesar de todo, la movilización obrera se mantuvo y se extendió. La burocracia, atenazada por la intransigencia del gobierno y las crecientes luchas obreras y sus organismos -que la dinámica estaba transformando en un verdadero “poder dual”- declaró una huelga general de 48 horas, el 7 y 8 de ese mes. 

La movilización fue enorme, ya que congregó a más de 100.000 trabajadores en Plaza de Mayo. A las 36 horas de convocado el paro, el gobierno tuvo que dictar la homologación de los convenios. Unos días después, el 11 y el 18 de julio, cayeron el ministro de Bienestar Social José López Rega -jefe de la Triple A- y el ministro de Economía Celestino Rodrigo, una victoria aplastante de la lucha obrera motorizada por las coordinadoras. 

La fatal ausencia de la Coordinadora Nacional 


Durante esas jornadas heroicas, algunos de los métodos de lucha más utilizados, fueron: la ocupación de fábricas, que en algunas ocasiones fueron llevadas adelante con la toma de rehenes, la autodefensa, el ausentismo, el boicot o baja deliberada de la productividad, las huelgas de brazos caídos; el trabajo a tristeza; las huelgas solidarias, y un largo etcétera de acciones que, hoy por hoy, forman parte de la memoria histórica de la clase trabajadora. 

Es importante señalar, que en las coordinadoras se expresaban libremente todas las corrientes políticas combativas y revolucionarias. También, que este proceso marcó el inicio de una transición hacia formas nuevas de organización de los trabajadores/as, ya que se llegó a incubar un verdadero y vigoroso poder dual -similar al de los soviets de octubre del 17 en Rusia- que cuestionó el dominio burgués.  

Sin embargo, el grave problema de las coordinadoras fue la ausencia de un organismo centralizador de las mismas, o Coordinadora Nacional, que el PST y un sector del activismo habían reclamado en Villa Constitución. Esa ausencia fue fatal, porque desorganizó a la clase obrera frente al Golpe de Estado, que tiempo después masacró a la vanguardia clasista que había liderado las coordinadoras.  

Cuando los milicos tomaron el poder, los trabajadores no contaron con una institución dispuesta a convocar a la Huelga General contra el golpe y organizar la autodefensa. La burocracia, que atacó salvajemente cualquier posibilidad de construcción de un órgano de estas características, y el centrismo de izquierda, que boicoteó la coordinadora en Villa Constitución, colaboraron para desarmar a la clase trabajadora.

Para enfrentar con éxito el actual ajuste y los que se vienen, desde la izquierda consecuente debemos instalar en la consciencia obrera la necesidad de retomar esta experiencia, impulsando con fuerza y audacia el desarrollo de nuevas coordinadoras, apoyadas en amplias y democráticas asambleas por fábrica y por empresa. La unificación de por debajo de los conflictos es una metodología que se combinará con otros métodos “duros”, como las tomas y bloqueos, los piquetes de autodefensa, el fondo de huelga, etc. 

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