Imagen que acompañó una noticia aparecida en Infobae, cuyo título es elocuente: La izquierda realizó una marcha a Plaza de Mayo y reclamó al Gobierno romper con el FMI (Mientras que la derecha movilizaba pidiendo que se vayan todos, la izquierda, muy por detrás del desafío planteado por las actuales circunstancias, marchó para reclamarle al gobierno)
Por Damián Quevedo
El vacío de poder creado por las luchas facciosas dentro de la coalición gobernante recién atraviesa su primer estadio, por lo tanto, la crisis, lejos de haberse retirado con el cambio de ministro, está en pleno desarrollo. Esto tiene que ver, entre otras razones, con que Cristina sigue embistiendo contra Alberto y los suyos, aunque de manera menos escandalosa que antes.
Más allá de la renuncia de casi todo el gabinete económico, el último golpe de la jefa internó a Alberto en la quinta de Olivos. Por esa razón, quien formalmente continúa siendo presidente, hace más de una semana que no aparece en público o emite alguna declaración, al punto que comenzaron a circular rumores de la renuncia presidencial.
La tensión y el misterio llegaron a tal punto que
diputados y senadores se prepararon en el Congreso para una eventual Asamblea
Legislativa si se confirmaba el rumor que más circuló por esos pasillos: que el
presidente estaba decidido a renunciar. Muchos legisladores regresaron apresuradamente
de sus provincias. “No lo veo, por ahora”, aclaró otro ministro que suele
frecuentar a Alberto Fernández en alusión a la eventual dimisión presidencial.
El “por ahora” refleja también el clima de inseguridad en el que habitan los
funcionarios[1].
Esta avanzada de
la vice está acompañada de una serie de gestos y encuentros con el
verdadero poder. Las reuniones de
Cristina con el embajador norteamericano dos veces, con la generala, con
Melconian y con la Fundación Mediterránea, todo ello demuestra que está lista
para gobernar. ¿Para qué te reunís, si no, con todas esas personas? El mercado
piensa que va a asumir Cristina. Y es curioso. Porque en el Patria, cuando uno
les pregunta sobre qué pasa si se cae el gobierno, te contestan: ah, Alberto
puede caer, no el Gobierno[2].
Es comprensible, en ese marco, que CFK haya aceptado la designación de Batakis, que, en los hechos, no es más que otro fusible. La nueva ministra, que no tiene ninguna posibilidad de cambiar la política económica, a 48 horas de haber asumido, según palabras de otros funcionarios, "incendió el quincho" luego de haber amenazado con aplicarles un cepo a los viajes al extranjero. ¡Con un dólar cerca de los 300 pesos y una devaluación del 50% en 30 días, la situación económica es un verdadero incendio!
Cuando tenía la posibilidad de presentarse
como una opción dispuesta a ocupar el vacío dejado por los representantes de la
burguesía -que responden al Frente de Todos- el FITu organizó un verdadero “saludo a la
bandera”, el acto del 9 de julio en Plaza de Mayo. Ahí, en vez de convocar a movilizarse
para acabar con el gobierno capitalista y postularse como alternativa política, apenas denunció las maldades del FMI.
Con un programa “mínimo”, muy por detrás de las circunstancias históricas que vivimos, esta izquierda se ubicó, en los hechos, como pata radicalizada del régimen, ya que el propósito de la marcha no fue otro que el de “exigirle” al gobierno que cambie de rumbo, en vez de proclamar a los cuatro vientos la necesidad de echarlos a todos y de concretar una verdadera revolución social.
las organizaciones convocantes se expresaron claramente contra el pacto del gobierno y el FMI y exigieron un salario mínimo igual a la canasta familiar y la actualización mensual de salarios, jubilaciones y programas sociales para hacer frente a la inflación[3].
Si bien los
revolucionarios no nos negamos a hacer reclamos o a pelear por reformas, es
inaceptable que en medio de una crisis como la actual, la izquierda tenga como
eje de su intervención este tipo de planteos. En todas las organizaciones que nos reclamamos socialistas, debemos comenzar a discutir
todo esto, porque sin la existencia de una conducción revolucionaria decidida
a pelear por el poder, continuará ganando la derecha, sea esta “nacional y
popular” o “neoliberal”.

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