Por Comité Ejecutivo de Convergencia Socialista
El ministro más importante del gobierno, quizá el último albertista, cayó en medio de una crisis económica y política que hace décadas no se veía. De esta manera, Fernández no solo se quedó sin su hombre de confianza en esa fundamental cartera, sino que se fue el principal interlocutor y garante del pacto con el FMI. ¡Esto significa, que, en los hechos se derrumbó este acuerdo financiero!
La crisis y disputas internas dentro del oficialismo precipitaron la caída en desgracia de Guzmán, dejando al presidente en su peor momento. ¡Ahora, queda cada vez más en claro que el gobierno es, como lo señalamos en un artículo anterior a este, una cáscara vacía! Para llegar a esta situación, Cristina hizo su parte, con un trabajo de erosión de varios meses. Cuando la “jefa” impuso la renuncia de Matías Kulfas, Guzmán sabía que tenía los días contados.
La salida de un ministro de economía es, por regla general y en este contexto, la primera ficha en caer de una línea de dominó. Por lo tanto, quien sea que lo reemplace tendrá menos estabilidad que el ministro saliente. Sin embargo, ese no es el único problema grave del régimen, ya que, ahora, el que está en la cuerda floja es el propio presidente.
Asumiendo esta realidad, Cristina comenzó su campaña presidencial, aclarándole a su ex socio que debe dar un paso al costado, en principio en la carrera por la reelección, aunque, si las cosas continúan así, es muy probable que deba retirarse antes de octubre de 2023. Fernández de Kirchner trata de posicionarse como garante de la “gobernabilidad” capitalista. Pero, también se lanza al ruedo para mantener los fueros, porque los necesita para evitar que la encierren debido a los procesos por corrupción que pesan sobre ella.
A pesar de que habló mucho de Perón y la intervención del Estado en la economía, la realidad es que no hay margen alguno para una reactivación económica impulsada por el apalancamiento estatal. Por eso, luego de que el Cuervo Larroque declarara que era necesario terminar con la moderación, Cristina se reunió con Melconián para mostrarles a los grandes capitalistas cuál era el verdadero significado de la frase del líder de la Cámpora.
Como fiel representante de la burguesía, Cristina Fernández sabe que los monopolios necesitan terminar con el gradualismo, de manera de pegarle un sablazo fenomenal a la clase obrera. Los dueños y CEOs de las estas corporaciones probablemente recurran a sus servicios para garantizar un ajuste esas proporciones, o, como decía Carlos Menem, una cirugía mayor sin ningún tipo de anestesia.
Los y las de abajo no pueden esperar ninguna solución racional o “moderada” por parte de los partidos patronales, sean estos del oficialismo o de la oposición. La crisis política y económica es tan grande que los empuja, más allá de sus intenciones, a imponer políticas antiobreras, mediante rebajas salariales, despidos y cambios reaccionarios en las condiciones de trabajo. ¡Eso es, seguramente, lo que se viene, de la mano de cualquier ministro que terminen eligiendo!
La clase trabajadora y el pueblo deben levantar la guardia y prepararse para enfrentar con sus métodos -la huelga, la movilización, los piquetes- al gobierno sus planes, organizando desde abajo la huelga general que sirva para echarlos a todos e imponer una verdadera salida a la crisis, un gobierno obrero y popular que inicie el camino hacia el Socialismo. La izquierda, que el próximo 9 de julio marchará a la Plaza de Mayo contra el FMI, debe ubicarse audazmente como alternativa política, convocando al movimiento de masas a rebelarse.

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