Por Damián Quevedo
La visita de Alberto Fernández a Milagros Sala, terminó siendo otra muestra cabal de la impotencia del primer mandatario, ya que confirmó, que, a pesar de estar en desacuerdo con su detención, no puede ni siquiera recurrir al indulto, que es, desde siempre, una prerrogativa presidencial.
Es evidente que Fernández ya no sabe qué más hacer para conseguir aliados, fuera de los impresentables dirigentes de CETEP. ¡Es que nadie quiere sentarse en la cabina del capitán del Titanic, justo cuando se acerca el témpano que lo va a hundir!
Para colmo de males, el presidente está frente a una rebelión de varias fracciones patronales. Primero fueron los empresarios del transporte, que reclaman por el precio del gas-oil, ahora una nueva versión de la Mesa de Enlace agropecuaria, acaba de lanzar un paro del sector, en medio de la crisis del combustible.
En medio de la crisis del gasoil que atraviesa la
Argentina, con falta de suministro del combustible prácticamente en todo el
país y con los transportistas de cargas autoconvocados manifestándose a lo
largo y ancho del territorio a través de distintas medidas de fuerza, la Mesa
de Enlace anunció hoy un paro nacional con cese de la comercialización de
granos y ganado para el miércoles 13 de julio y no descartó extenderlo por más
tiempo[1].
En el frente interno, el kirchnerismo continúa buscando erosionar al Poder Ejecutivo. Más allá de los discursos de Cristina y los suyos, su banda le sigue poniendo palos en las ruedas de la política económica, no porque se opongan al ajuste, sino porque -probablemente- se estén jugando a que la economía estalle antes de las próximas elecciones, de manera de aparecer como “salvadores”, y, en ese marco, negociar de otra manera con los poderes imperiales.
En este sentido el kirchnerismo logró en el Senado, la media sanción de un plan de moratoria previsional, no sólo sin consultar a Guzmán sino en contra del ajuste que exige el acuerdo con el FMI.
El proyecto de ley, que establece un plan de pagos de deudas previsionales para que unas 742.000 personas que no alcanzaron a cumplir con los años de aportes puedan jubilarse este año, va en sentido contrario a dos puntos centrales del acuerdo que el gobierno nacional alcanzó con el Fondo Monetario Internacional (FMI): significaría más emisión y además rompería uno de los puntos a los que se comprometió Guzmán con el staff del Fondo[2].
En medio de la crisis económica que recorre el mundo, en Argentina este proceso se acelera debido a las pujas entre los partidos patronales y las fracciones de los capitalistas, un combo que profundiza la caída a pique de las instituciones que conforman el régimen “democrático” representativo.
Como lo
demostraron las movilizaciones victoriosas de docentes y estudiantes, alrededor
del Instituto 103 de Lomas, o las que tuvieron lugar en San Juan, torciéndole
el brazo al techo salarial del gobierno kirchnerista, la crisis empuja,
objetivamente, grandes confrontaciones contra el plan de ajuste. La izquierda
debe, en este marco, ubicarse al frente de estas luchas, agitando el programa
del Socialismo, única salida para resolver las demandas insatisfechas de las
mayorías.

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