Por Samuel Noyola (Las citas son del libro de Ernesto González sobre la historia del trotskismo argentino)
Hugo Mario Bressano, Nahuel Moreno, con todos sus
aciertos y errores fue el dirigente trotskista más importante de la Argentina. A
pesar de haber nacido en el seno de una familia de clase media, desde que
adhirió al trotskismo, intentó ligarse al sujeto social
capaz de revolucionar al mundo, la clase obrera. Eso hizo, luego de tomar contacto
con un obrero marítimo, de apellido Faraldo, quien lo ganó para esta perspectiva,
ya que, en su juventud, Moreno solo estaba interesado en la filosofía.
Un día, en el Teatro del Pueblo, Faraldo lo encaró para
decirle que “nunca había escuchado a alguien decir tantas estupideces” como
las que salían de su boca. Yo me quedé sorprendido: ¿por qué estupideces? Y
entonces me empezó a dar la línea del trotskismo. Me hice enseguida trotskista,
pero 'trotsko hegeliano', seguía siendo idealista. En aquellos años el
trotskismo se limitaba a grupos dispersos que apenas militaban, pero discutían
interminablemente en las tertulias del Café Tortoni, en la capital argentina.
Moreno rompió en los 40 con el trotskismo de café
y, junto a un puñado de jóvenes, conformó el GOM (GRUPO OBRERO MARXISTA) que
se asentó Villa Pobladora, Avellaneda, el corazón fabril del proletariado de la época. Lo que caracterizó inicialmente a nuestro grupo, tanto
desde el punto de vista programático, como en cuanto a la práctica, fue un
obrerismo rabioso, llamémoslo así. Durante muchos años no se aceptó el ingreso
de estudiantes, ni se permitió militar en el movimiento estudiantil.
A mediados de
los 40 el GOM y ese grupete de pibes intervino en la conmemoración del 1 de
mayo. Boris, uno de sus integrantes recuerda aquella experiencia… “En cuanto
a la actividad para el 1 de Mayo, sí, la realizamos nosotros y además la
coordinamos. Les voy a contar una anécdota. Yo iba con Abrahamcito a pegar los
'afiches' a una fábrica metalúrgica que estaba en la calle Querandíes, muy
famosa”.
“Llevábamos la goma en los bolsillos y los volantes
chiquitos (tamaño carta) firmados como GOM cuando nos para la policía. Yo
fumaba cigarrillos con boquilla, y tenía tal cagazo que yo no sé cómo no me
quebré las rodillas del miedo que tenía, porque la policía en esa época le daba
'tanta paliza”. Yo estaba loco, temblando, la boquilla me iba de un lado al
otro. Y nos preguntan: ¿qué están haciendo ustedes por acá?'
Los volantes estaban recién pegaditos, bien fresquitos. Y
bueno, le hicimos la historia de que estábamos esperando a dos chicas y la
policía se lo creyó y se fue”. “Terminamos de pegar el resto de los volantes y
nos fuimos para el Bar Gardel. Nos reuníamos ahí para contamos todas nuestras
experiencias. Realmente fuimos valientes los cinco. El que más se cagó en las
medias fui yo porque nos paró la policía.”
La primera gran oportunidad
En 1945 el GOM tuvo su bautismo de fuego en la lucha de
clases, zambulléndose en la huelga de la mayor fábrica del país, el
frigorífico Anglo-Ciabasa, con 15.000 obreros y una comisión interna anarquista.
Aquella experiencia los marcó, porque les sirvió para comprender la necesidad
de nutrirse a fondo de las enseñanzas de un proletariado en enorme ebullición
política.
Mateo Fossa, un reconocido líder del sindicato maderero, le
recomendó a Moreno y su grupo realizar una colecta en apoyo a los obreros de la
carne para colocarse al total servicio de su lucha. El dirigente de la huelga
era Lucas Domínguez un anarquista. Moreno recordaba que Lucas los recibió con
gran desconfianza, pensando incluso que podrían ser stalinistas, y que, para
ponerlos a prueba, les pidió que imprimiesen un volante que les entregó.
El volante tenía muchos errores, pero los compañeros no le
modificaron ni una coma. Esta actitud les ganó la
confianza de Lucas Domínguez, que desde ese momento la conservó por el resto de
su vida. Ramón “El Chueco” Britos lo recordaba así: “Yo era un
activista ligado al comité de huelga que dirigían los anarquistas, que tenían
compañeros como Lucas Domínguez, como Curi y otros. Entonces se acercó un grupo
de pibes diciendo que eran estudiantes y que querían ayudar. Así conocí al GOM
y a compañeros como Moreno, Boris y otros.
Ustedes saben que el obrero es medio desconfiado. Así que
nosotros los mirábamos con desconfianza. Pero los vi moverse, empujar, ayudar,
sacar volantes, hablar y convencer. Sobre todo, los vi hacer una cosa muy rara:
consultar, pedir consejo y opinión. Los escuché decir como decía Moreno '¿Qué
te parece, Chuequito...? No venían en función de maestros. Y entonces se
ganaron nuestra confianza. Nos dejaron mucho más que la solidaridad a la
huelga. Nos enseñaron lo que debía ser un partido revolucionario, y a muchos de
nosotros nos cambió la vida.
Ellos, los del grupo de pibes del GOM, también cambiaron.
Haber conocido a la clase trabajadora los llevó a ligarse todavía más. Fue así,
que, al poco tiempo, yo alquilé la casa de Villa Pobladora adonde irían a vivir
Moreno y otros compañeros”. Esta enorme enseñanza, limitada tal vez por ser
una experiencia de un pequeño grupo de jóvenes que se estaban abriendo a la
vida política, marcó el nacimiento de una nueva etapa para la izquierda
Argentina.
Moreno fue un dirigente teórico e internacionalista que realizó
aportes muy grandes a la construcción del programa revolucionario -nacional e
internacional- gracias a tratar de tener, siempre, “el punto de vista proletario”,
que ninguna organización socialista puede conseguir sin tener una fuerte
inserción en la clase trabajadora. Desde Convergencia Socialista tenemos, a
pesar de nuestras diferencias con ciertos planteos de Moreno, total acuerdo con
esta orientación.
Nuestro partido se jugó siempre a estructurarse en el proletariado, para, desde
ese lugar, jugar el papel que nos corresponda en la construcción del Partido
Revolucionario, que no surgirá por la autoproclamación de ninguno de los grupos
existentes, sino a partir de la unidad de los revolucionarios y revolucionarias
consecuentes. Cuando eso suceda, formaremos parte de esa nueva organización,
aportando algunas decenas de experimentados luchadores obreros.

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