Por Damián Quevedo
Esta semana el
capitalismo tuvo un nuevo sismo, que, aunque pequeño en escala, es un síntoma de
una tendencia permanente hacia colapsos mucho más grandes. La caída de las
criptomonedas, que hasta hace poco eran consideradas -por sus apologistas- como el
medio de cambio del futuro, demostró que no son más que una burbuja.
El bitcoin y otras criptomonedas se desplomaron
con fuerza esta semana y sólo este jueves, las pérdidas de ese mercado treparon
a 200 mil millones de dólares. El derrumbe de las criptomonedas sacudió con
fuerza al mercado a nivel mundial. Sólo el jueves, el Bitcoin perdió en
cuestión de horas más del 10 por ciento, arrastrada por el desplome aún mayor
de Terra USD, una criptomoneda atada al dólar que cayó como nunca tras perder
su paridad con el dólar (un dólar, una Terra USD) y bajara a 23 centavos[1].
Como señalamos en notas anteriores, ante el estancamiento de la economía y la ausencia de mercados suficientes para absorber la masa de mercancía que se produce, el capital busca medios para mantener su movimiento, y, en ese marco, poder lograr ciertas ganancias haciendo circular el dinero que no puede volver al ciclo productivo, justamente porque este está estancado.
Los créditos a la población o los bonos de deuda para los países, son algunos de los medios hacia donde migra este capital financiero. Sin embargo, estos no pueden suplir el ciclo productivo, que es de donde realmente surge la ganancia de los capitalistas.
Es decir, el dinero, que, en condiciones de crecimiento de la economía, los capitalistas utilizan para pagar salarios, contratar más trabajadores, reponer materias primas o renovar maquinarias, en periodos de crisis es volcado al atesoramiento o a la búsqueda de una renta financiera, muchas veces en bonos o títulos que no tienen ningún respaldo. Este proceso es el mismo que llevó al crack de 2008, con la crisis de las hipotecas sub prime.
Ahora, en menor escala, se vuelve a corroborar esta tendencia, que es propia del capital ficticio o parte de la ganancia de los capitalistas que no vuelve al proceso de producción, aunque surge de este. Esto quiere decir que el capital financiero, en cualquiera de sus formas, no crece de la nada, sino que es una parte de la plusvalía producida por la clase obrera.
Las burbujas son otro de los espejismos que el sistema capitalista crea para promover la ilusión de que el capital goza de buena salud, reproduciéndose sin necesidad de relacionarse con los productos realizados por la clase trabajadora. Los capitalistas pretenden ocultar la realidad, mostrando que, pase lo que pase, tienen recursos para subsistir, aunque la realidad les juega malas pasadas cada vez que estas burbujas explotan, dejando en la bancarrota a un sector de la burguesía que es liquidado por los patrones más fuertes.
Las crisis son, en ese sentido, un mecanismo objetivo mediante el cual se centraliza aún más el capital, que siempre termina quedando en manos de cada vez más pocos y pocas, un proceso que, lejos de colaborar con el bienestar de las mayorías, lo perjudica, porque -para subsistir- el capital tiene necesariamente que profundizar la súper explotación de la clase obrera y el saqueo brutal de los recursos, llevando al planeta al borde de su destrucción.
Las guerras, como la que está teniendo lugar en Ucrania, no son más que uno de los resultados previsibles de este tipo de situaciones, ya que a través de estas los capitalistas más poderosos, los imperialistas, se disputan los mercados jugándose a acabar con la competencia. ¡En semejante marco, no existe nada progresivo en ninguna de las fracciones de la burguesía que se pelea -salvajemente- por controlarlo todo!
No hay nada progresivo, porque para imponer políticas duras de ajuste, los gobiernos deben ser más dictatoriales o “bonapartistas”, algo que ocurre a lo largo y a lo ancho del planeta. ¡La clase obrera y el pueblo pobre, liderada por los y las socialistas consecuentes, no solo tiene que enfrentar las consecuencias de estas políticas, sino que debe apuntar más lejos, luchando por la destrucción del Capitalismo para comenzar a construir una sociedad más sana y justa, el Socialismo!
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