Por Damián Quevedo
Después de
una votación atada con pinzas por Sergio Massa, retornó la incertidumbre en las
filas del gobierno nacional. Los anuncios en materia de economía no solo expresan
la ausencia de un verdadero plan, sino que abren nuevos frentes en medio de las
negociaciones entre los bloques legislativos y dentro de los mismos partidos,
para que el pacto con el FMI pase sin escándalo.
Cuando parecía que todo estaba
encaminado, el Gobierno embarró la cancha con el anuncio del aumento de
retenciones a la exportación de aceites y harinas y tendió un manto de
incertidumbre sobre el cronograma de tratamiento del acuerdo con el Fondo
Monetario Internacional (FMI) en el Senado. Él oficialismo pretende llevar el
proyecto al recinto este jueves y contaba con el apoyo extraoficial del
interbloque de Juntos por el Cambio de aportar sus votos para tratarlo sobre
tablas esta semana, sin tener que esperar los siete días reglamentarios una vez
firmado el dictamen de comisión[1]
.
La idea de subir
dos puntos porcentuales las retenciones -a los productos industrializados de la
soja- al tiempo que se suspendieron las exportaciones de estos productos
(Harina y aceite derivados de esa planta) generó rispideces entre propios y
ajenos, razón por la cual los
gobernadores de Santa Fe y Córdoba adelantaron su oposición a la medida.
En el caso de poder patear para adelante, aunque no mucho, el problema de la
deuda, el gobierno tiene delante una de las peores escaladas inflacionarias de
la historia reciente, a un año de las elecciones.
Si bien estas
medidas, no se asemejan a la famosa resolución 125, que provocó la ruptura del
kirchnerismo con una parte de la burguesía agraria (la parte más pequeña en
términos globales) ese fantasma aun asusta al peronismo. El contexto es
radicalmente diferente, porque no hay ningún “viento de cola” sino una crisis mundial
mayúscula, agravada por la guerra en Ucrania y la situación del FdT, que,
contradictoriamente, tiene en su interior al principal frente opositor al
gobierno.
La foto de Kicillof este mediodía (del
martes) junto al Presidente de la Nación llegó para dar una muestra de que la
institucionalidad no está en juego pese a las tensiones internas que sacuden a
la coalición de gobierno. Ayer uno de los ministros de Kicillof referenciados
con La Cámpora habló de “proscripción” dentro del gobierno. El ministro de
Desarrollo Social, Andrés “Cuervo” Larroque aseguró: “Pareciera que quieren
proscribir a la parte mayoritaria del Frente de Todos”[2].
En realidad,
el kirchnerismo trata de proscribirse a sí mismo, para no quedar “pegado” al
pacto colonial con el FMI y, consecuentemente con este, al ajuste en curso. ¡Las
ratas comienzan a abandonar el barco ante las primeras olas! Una buena parte de
esa campaña de auto proscripción, es la iniciada luego de los disturbios en el
Congreso, con los que Cristina Fernández reapareció; recordemos que estuvo en
cuarteles de invierno mientras se negociaba con el FMI. ¡Ahora, con miras al
2023, comenzó una campaña de victimización, tratando de ubicarse a la “izquierda”
de Alberto!
La izquierda
revolucionaria, ante las peleas y las comedias de los de arriba, debe delimitarse
de forma tajante de todos los bandos patronales, impulsando la organización de
un plan de lucha, que debe partir de las bases, porque la mayoría de la dirigencia
sindical está del lado del gobierno. Estas medidas de acción directa, deber ser
votadas en asambleas democráticas y coordinadas entre sí por las comisiones
internas de sindicatos, las agrupaciones combativas, las organizaciones de
mujeres, barriales, estudiantiles, etc.
[1] https://www.lanacion.com.ar/politica/el-senado-emitio-dictamen-al-proyecto-del-acuerdo-con-el-fmi-y-podria-el-jueves-ser-ley-nid15032022/
[2] https://www.lanacion.com.ar/
No hay comentarios.:
Publicar un comentario