Por Juan Giglio
Eduardo Aliverti, un chupamedias gubernamental recalcitrante
que proviene del Partido Comunista Argentino, acaba de vomitar su artículo
mañanero en el “Boletín Oficial”, Página 12, expresando, más bien agitando,
preocupación, debido al quiebre producido dentro del Frente de Todos luego de la
votación parlamentaria del acuerdo con el FMI.
Si el Senado no produce una sorpresa mayúscula, en la
madrugada del viernes pasado debió comenzar a despejarse el camino para marchar
a efectividades conducentes y no hacia un limbo interminable. Pero, en
lugar de eso, pareciera irse en dirección exactamente contraria a partir del
lamentable espectáculo desde la interna del Frente de Todos. ¿Qué es esto? ¿Una
carrera para ver quién corre más por izquierda o quién se defiende mejor de no
quedar pegado a la derecha?
Aliverti tiene razones para preocuparse, ya que él, junto a
otros plumíferos “nacionales y populares” -como Silvestre, Víctor Hugo, Navarro,
etc.- se ha enriquecido, no por el éxito editorial de Página 12 y otros
pasquines para los que escribe, sino mediante el cobro de una parte importante de la pauta oficial, que va a parar a los
bolsillos de quienes sostienen, periodísticamente hablando, el “relato” del que
hoy por hoy podríamos denominar Frente de Pocos.
Por esa razón, el personaje en cuestión continúa diciendo,
que El FdT sale muy afectado de esta circunstancia, si es que no roto. El
Gobierno como tal, al menos en el corto plazo, habría que ver. Hay pases de
factura inacabables. Resentimientos extremos. Entre sus líneas hablan nada más
que para suturar o profundizar heridas, y nunca para proyectar ese modelo de
gestión que determine cuáles son los aliados y quiénes el enemigo…
Más allá del miedo a dejar de ser uno
de los periodistas mejores pagos del país, con su verborragia, este personaje siniestro pinta muy bien la situación en la que quedó la alianza gubernamental. Quienes gobiernan, no
solo han sido fracturados, por la crisis económica, de la cual
ninguna de sus fracciones sabe cómo salir, sino por la guerra. ¡Cada una de las
bandas del FdT se alinean detrás de las diferentes potencias que están
metidas en una feroz contienda, que de comercial tiende a
convertirse en guerra clásica!
…esto es literalmente así: créase o no, las fracciones
del FdT proceden como si las demás no contaran; repartieron las áreas, los
ministerios, las secretarías, las subsecretarías, con un sentido horizontal de
cada quien haciendo y diciendo lo que se le ocurra. No hay la mínima e
imprescindible autoridad de verticalismo, de modo que el Gobierno más se parece
a una asamblea de tardía adolescencia universitaria o a un foro de fraseólogos
a la bartola). (Aliverti dixit, Página 12, 14 de marzo)
¿Qué mejor definición que esta última, vertida por alguien
que no puede ser sospechado de “trosko”? La izquierda revolucionaria debe aprovechar esta situación, impulsando decididamente la lucha contra el
ajuste, que se profundizará con el pacto con el FMI, llamando a organizar los combates
que se vienen a través de asambleas de base y organismos que desborden los
podridos “cuerpos orgánicos” de la burocracia sindical, jugada con todo a
sostener el plan del gobierno.
La izquierda tiene que asumir esta caracterización, asumiendo además que la oposición patronal está tan mal como el oficialismo, ya que está metida en una feroz disputa por las candidaturas para las presidenciales de 2023. Por eso, luego de las marchas contra el FMI, que ayudaron a unir a quienes levantamos las banderas rojas del Socialismo, las organizaciones que las convocaron deberíamos impulsar la construcción de un Centro Coordinador de la Resistencia para ir preparando el nuevo Argentinazo que reclaman las circunstancias.
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