Crisis, balcanización política y embriaguez electoral de la izquierda


Por Damián Quevedo 

Aunque cada sector se adjudique la victoria, las elecciones generales significaron la derrota de los principales partidos patronales, tanto del Peronismo como de Juntos por el Cambio. A pesar de que el macrismo logró más votos que el oficialismo, perdió más de un millón y medio con respecto a 2019. Los de Alberto y Cristina aún más, cerca de cinco millones. ¡Una catástrofe!  

A esto hay que agregarle que apenas fue a votar al 70% del padrón, por lo tanto más de diez millones de personas que les dieron la espalda a todos y todas. En este contexto cientos de miles de votos fueron a parar a la izquierda o a expresiones payasescas, como Milei o Espert, demostrando que el régimen democrático burgués se encuentra en terapia intensiva.  

Para colmo, después de las elecciones ambos partidos patronales retomaron con más virulencia sus conflictos internos, en algunos casos con rupturas “expuestas”. JxC tiene al menos tres fracciones que se están matando entre sí, encabezadas por Macri, Larreta y la UCR, además de otras “sub-fracciones”, que hacen recordar a la situación que hizo estallar al radicalismo en 2001.

El peronismo, luego de la derrota aceleró su crisis y la del gobierno. El botón de muestra fue el acto del "Día de la Militancia" del 17 de noviembre con Alberto Fernández como único orador, cuyo discurso no hizo otra cosa que reafirmar la extrema debilidad de su figura. El encuentro, poco multitudinario, confirmó la ruptura del FPV y el intento presidencial de posicionarse frente al kirchnerismo.  

La ausencia de Cristina y la distancia que tomó la Cámpora, ubicándose por fuera de la plaza, fueron verdaderas declaraciones de guerra contra Alberto. En 1975, una situación similar dio lugar a enfrentamientos militares entre todas las tendencias, que dejaron un tendal de muertos, una realidad que puede llegar a repetirse, ya que todos y todas se disputan un botín, que por la crisis tienden a achicarse.  

No es el único frente que tiene el gobierno, el principal es el intento de acuerdo con el FMI, que ya implica un nivel de ajuste mucho mayor que el actual, con la liberación de tarifas como uno de los puntos centrales. Lo que podría disparar aún más la inflación, licuando salarios de forma más acelerada que en los últimos meses. El costo de la Canasta Básica Total (CBT), que mide la línea de pobreza, subió un 2,6% en octubre luego de registrar en septiembre su mayor avance en tres meses.  

Por su parte, el valor monetario de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que mide la línea de indigencia, tuvo su mayor suba desde junio al acelerarse un 3%. Frente a estos números publicados por el INDEC este jueves, una familia "tipo" (compuesta por dos adultos y dos niños) necesitó $30.925 para no ser considerada indigente y $72.365 para no ser considerada pobre.[1]  

La izquierda y la embriaguez electoral  

El FIT fue la única fuerza que creció, superando el pico de adhesiones que obtuvo en 2013. Sus votos, algunos de los cuales aportamos desde nuestra organización, expresan el desgaste de los partidos del régimen, a pesar de que la campaña del PTS, MST, PO e Izquierda Socialista fue realmente mala, desde el punto de vista de las políticas que tendría que haber agitado una fuerza revolucionaria en este tipo de circunstancias.

Ninguno de sus candidatos o candidatas tuvo en cuenta las recomendaciones de los bolcheviques sobre el comportamiento parlamentario. ¡En vez de cargar sus dardos en el gobierno, convocando sistemática y permanentemente a la movilización extra parlamentaria -Acción Directa- se dedicaron a plantear la necesidad de “construir la tercera fuerza” y a atacar a candidatos marginales, como Milei y Espert. Esto último, en los hechos, ayudó a embellecer al gobierno.  

La crisis en curso y la situación pre revolucionaria mundial pone cada vez más en tensión a las clases sociales antagónicas, planteando una lucha brutal entre la revolución y la contrarrevolución. Esto implica que pueden surgir (es muy probable) bandas fascistas que busquen frenar el ascenso obrero y popular con una violencia inusitada.  

Estas saldrán del PJ y la burocracia sindical, que se nutren de barras y matones siempre dispuestos a empuñar sus armas contra los de abajo, como sucedió en épocas de la Triple A. Denunciar a los Milei o a los Espert como “fascistas” es equivocado, ya que el verdadero "huevo de la serpiente" anida dentro de las estructuras gubernamentales y gremiales.

La izquierda debe dejar atrás la borrachera electoral en la que se encuentra, saliendo a impulsar con audacia la centralización de los combates obreros y populares que se avecinan, mediante un Centro Coordinador de las Luchas que se proponga organizar el próximo Argentinazo. Además, debe alentar la formación de piquetes de autodefensa, sin los cuales no habrá manera de detener la represión de las fuerzas policiales y a los bandoleros armados de la burguesía.

[1] Ámbito Financiero 18/11/2021

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