martes, 4 de mayo de 2021

El inicio del fracaso de la "Contrarrevolución Covid" y nuestras tareas

Por Damián Quevedo

La llamada Segunda Ola, las supuestas nuevas cepas y toda la propaganda mundial al respecto, no tienen ningún propósito sanitario, sino político. Lo que intentan los capitalistas es frenar -mediante el miedo- al proceso de ascenso de las luchas obreras, junto con destruir fuerzas productivas, de manera de recrear un nuevo ciclo de crecimiento burgués que beneficie al capital más concentrado -liquidando competidores- como el de las grandes entidades financieras, el que fabrica vacunas o el que se relaciona al negocio de la virtualidad.

Este intento, que incluye episodios sangrientos, como las masacres perpetradas por la dictadura de Myanmar o las del gobierno de Iván Duque, en Colombia, luego de tener que retroceder con su proyecto impositivo, llegó a su techo. Este límite es el que el que les impone, a los de arriba, el resurgimiento de las rebeliones populares, que aún en las peores condiciones salen una y otra vez a la superficie. Marx dijo al respecto, que estas siempre están, actuando como un viejo topo, cuyo movimiento no se ve hasta que aparece sobre la tierra.

Los períodos revolucionarios, esos ciclos en la historia en los que los y las oprimidas irrumpen para cambiarlo todo, tienen bases materiales, objetivas. Esto quiere decir que son motorizados no por la conciencia -o mejor dicho, la mayoría de quienes los protagonizan no tienen una clara comprensión de qué fuerzas los empujan y hacia donde- sino que son movidos por tendencias objetivas, aquellas que están constituídas por las crisis, la imposibilidad de seguir viviendo como hasta ese momento y la decisión de no querer soportar esa vida.

Estas tendencias operan desde hace tiempo en todo el mundo, más ahora que el capitalismo atraviesa la peor crisis de su historia, no por la pandemia –que en el fondo es una expresión de del intento de revertirla- sino porque el sistema, de conjunto, pareciera haber agotado sus posibilidades de crecimiento. Esto no significa que el dominio burgués se vaya a desplomar o a morir naturalmente, sino que existen las mejores condiciones para que las masas lo terminen de enterrar, dando lugar a una nueva sociedad, de carácter socialista.  

Este es el camino que comenzaron a transitar los trabajadores y el pueblo “cafeteros”, que ganaron las calles siguiendo el mismo rumbo que habían comenzado a construir meses atrás, en consonancia con las explosiones rebeldes que tuvieron lugar en otros países, principalmente Chile, con su vanguardia en la "Plaza de la Dignidad". La gran victoria conseguida, al hacer retroceder la reforma impositiva de Iván Duque, ahora debe consolidarse con una profundización de la lucha que permita tumbar a este gobierno.

Este acontecimiento, ubicado en el marco de un proceso más genera de luchas que vuelven a resurgir, no es una anomalía o excepción, sino la muestra contundente de la existencia de una tendencia objetiva que opera en todo el mundo, que es la crisis del capitalismo y de todas sus formas de gobierno -sus regímenes- que empuja a las masas a buscar una salida, que es la que están encontrando a través de la movilización.

En ese contexto, lo que le corresponde a los elementos de vanguardia es poner en pie, de manera rápida y efectiva, el Estado Mayor de la Revolución, la conducción que no sólo se solidarice con las rebeliones, para que estas triunfen, sino que les muestre el camino de la Revolución Socialista. Para ello, desde nuestro partido hemos iniciado un camino de unidad con compañeras y compañeros que militan en otras partes del mundo, conformando un Comité de Enlace, que llevará nuestras políticas a países ubicados en todos los continentes.

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