Por Damián Quevedo
Hace apenas dos días, el presidente de la nación decidió pedirle la renuncia el subsecretario de energía, en línea con un reclamo de su propio ministro de economía, de manera de avanzar hacia la liberación de las tarifas de electricidad y gas y quitarles los subsidios. Basualdo, el subsecretario en cuestión, un firme soldado de Cristina Fernández, no se dio por aludido, simplemente ignoró el pedido presidencial, atrincherándose en su oficina.
Si tuviéramos que enumerar las decisiones y órdenes de Alberto Fernández que, desde el inicio de su mandato, no fueron acatadas por nadie, podríamos escribir una nota exclusiva, de varias páginas. En ese mismo sentido, el caso del jefe de gobierno porteño, fue uno de los que más ruido hizo en las últimas semanas, pero quizá no sea el más importante de los destacados. Lo que cuenta son las repercusiones de las desobediencias y las de quienes se suponen del bando propio, son las más graves.
Desde el cristinismo duro, en tanto, aseguraron que “Guzmán va a aguantar hasta que nosotros le digamos”, reiteraron que Basualdo sigue aún en su puesto y acentuaron sus diferencias con el ministro de Economía, que “está obsesionado con reducir la emisión y el gasto público para generar un clima amigable con el FMI” (La Nación, 02/05/2021).
La cuestión de fondo es que no solo Basualdo no se va, sino que se comenzó a hablar de una posible salida del ministro de economía, lo que significaría ya mucho más que una crisis política, una caída en picada del gobierno. Es que Guzmán es uno de los pilares centrales en los que se apoya Alberto Fernández para gobernar, en un sentido es uno de los pocos que le quedan. ¡No cualquiera, ya que lleva adelante la política de endeudamiento y negociaciones con el FMI!
La historia reciente de este país demuestra, que cuando comienzan los cambios en la conducción del ministerio de economía, también es el principio del fin del resto del gobierno. Los cruces internos y la inusitada pelea por la eventual renuncia de un subsecretario han generado en las últimas horas un mayor desgaste de la figura del ministro de Economía, Martín Guzmán, quien cuenta con el respaldo del presidente Alberto Fernández, pero enfrenta cada vez más el desafío del desgaste que le está produciendo “el fuego amigo”. (Perfil.com, 02/05/2021).
Todavía queda un largo trecho, o no, para que termine el mandato de Alberto Fernández y el desgaste en poco más de un año de gestión, es el equivalente al de un ejecutivo que va por el final de un segundo mandato y el gobierno no ve ninguna luz al final del camino. Pero no es solo el gobierno, es un régimen en crisis crónica, ya que no tiene un recambio en ninguno de los partidos patronales, que pueda garantizar la gobernabilidad y además ejecutar el ajuste que los capitalistas exigen.
Ante esta crisis abierta, la izquierda y la vanguardia obrera y popular, deben aprovechar las circunstancias, no para "quedarse en casa", como exigen los de arriba, sino para confrontar abiertamente, convocando a las masas a enfrentar y derrotar al gobierno, exigiendo que se deje de pagar la deuda externa y que acaben con este Plan de Ajuste y Saqueo, cuyo único objetivo es enriquecer a los monopolios en desmedro de la salud, las conquistas, el salario y los puestos laborales del conjunto. ¡Para eso, hay que seguir el camino que hoy por hoy marcan las masas colombianas!

No hay comentarios.:
Publicar un comentario