martes, 3 de noviembre de 2020

Centralizar la resistencia para derrotar el ajuste, echar a los ajustadores e imponer un gobierno obrero y popular

 

El ministro Guzmán, por recomendación de Cristina Kirchner, se acaba de reunir con Magneto y los grandes capitalistas

Por Claudio Colombo

Un reducido grupo de empresarios de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) mantuvo una reunión con el ministro de Economía, Martín Guzmán, en la que los representantes del sector privado expresaron diversas preocupaciones sobre la situación económica al tiempo que se retiraron satisfechos del Palacio de Hacienda por la buena predisposición del funcionario para intercambiar opiniones. (Infobae, 2 de noviembre)

El ministro fue anfitrión de un encuentro que involucró al presidente de AEA, Jaime Campos y un grupo selecto de los principales capitalistas del país: Paolo Rocca de Techint, Héctor Magnetto de Clarín, Carlos Miguens del grupo que lleva su nombre, Federico Braun de La Anónima, el supermercadista Alfredo Coto, María Luisa Macchiavello del sector farmacéutico, Alberto Grimoldi de Grimoldi S.A. y Enrique Cristofani, del Banco Santander. 

Como también lo explica este medio, allí se valoró el pedido de “un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales” que la semana pasada hizo la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner a través de una carta. Si bien no se habló en forma específica de esa misiva, sí se dijo con claridad en que los acuerdos forman parte del camino a seguir.

Más allá de las especulaciones acerca de un conflicto cada vez más pronunciado entre el presidente y su vice, la reunión con estos personajes indica que tanto Alberto como Cristina coinciden en lo esencial, que no es otra cosa que impulsar un “Pacto Social” para lograr que pase un ajuste tremendo, que como siempre y en todas las crisis del Capitalismo termina siendo pagado por el sector social que siendo productor de las riquezas no las usufructúa, la clase trabajadora.

El debate entre esta gente giró en torno a cómo implementar la devaluación o golpe certero a los bolsillos obreros, que todos acuerdan en llevar adelante. Para unos hay que hacerlo de manera brutal y directa, mientras que para otros, aterrados por la reacción social que puede llevar a provocar, debería realizarse con un poco más de cautela. Sin embargo y a pesar de estos detalles tácticos, todos estuvieron de acuerdo en que el gobierno debe ajustar las clavijas del “déficit” fiscal.

Para eso, Guzmán prometió que meterá mano para que el estado deje de lado los subsidios dirigidos hacia los sectores más vulnerables, limitando o directamente liquidando todo el presupuesto que va para ese lado. De alguna manera, la votación del Presupuesto Nacional, que fue consensuada por oficialistas y opositores en el parlamento, marca ese rumbo, que no es otro que el del Ajustazo.

La izquierda y las organizaciones combativas que están dispuestas a organizar la lucha por fuera de las direcciones traidoras, deben asumir que en las actuales circunstancias no sólo habrá que poner en marcha un Centro Coordinador de la Resistencia que promueva la unificación regional y general de los conflictos, sino que además, hace falta levantar un programa alternativo al del gobierno y sus lacayos.

Esa propuesta, que debe comenzar con la ruptura de los acuerdos con el imperialismo, la expropiación de las grandes empresas y la puesta en marcha de un Plan Nacional de Obras y Servicios, controlado por lxs trabajadorxs, debe proponer una salida democrática, siguiendo el camino del movimiento de masas chileno, que de conjunto asumió la necesidad de discutir -Asamblea Constituyente mediante- qué tipo de país se tendrá que poner en marcha para salir de la crisis.

Para eso hay que explicar con paciencia que habrá que derrotar al actual gobierno y a quienes pretenden sucederlo en la continuidad del ajuste y la entrega, a través de un Nuevo Argentinazo que genere un proceso de discusión democrático en todo el país, organizado en grandes Asambleas Populares, similares a las que existieron en 2001, pero mucho más grandes y extendidas. 

Allí, lxs laburantes y el pueblo pobre deberán resolver si continuamos sujetos al actual orden capitalista que nos mata de hambre, o, como proponemos lxs revolucionarixs, comenzamos a poner en pie una nueva sociedad, echando a patadas a la burguesía del poder de manera de reemplazarla por un gobierno de los trabajadores y las trabajadoras que inicie el camino hacia el Socialismo. ¡Esa es, en definitiva, nuestra propuesta!

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