Tucumán es Fuenteovejuna
Por Laura Márquez
La violación y femicidio de Abigail, ocurrida en Tucumán, convirtió la bronca e impotencia de vecinxs y familiares de la nena en acciones más que contundentes y efectivas. Las fuerzas armadas se negaron a buscar a la víctima, pero después fueron las primeros en reprimir la protesta de quienes exigían justicia. ¿Entonces, qué nos queda por hacer al movimiento feminista cuando todas las puertas se nos cierran, como en este caso?
En un Estado cada vez más ausente para lxs de abajo, donde la violencia policial va en aumento, lo único que le queda al pueblo es comenzar a defenderse. Cuando esta reacción sucede, de manera colectiva, lejos de ser una “manifestación de la barbarie”, como caracterizan algunas organizaciones de izquierda, expresa el avance de lxs trabajadorxs, que no permiten ni están dispuestxs a quedarse de brazos cruzados ante instituciones que encarcelan y criminalizan a las mujeres y a las disidencias que se defienden de violentos y abusadores, pero dejan libres a quienes cometen estos crímenes.
En una obra de Lope de Vega, basada en un hecho real ocurrido en 1476 bajo el régimen de los Reyes Católicos, el pueblo de Fuenteovejuna, cansado de la crueldad de su Comendador, que no hacía otra cosa que abusar del poder cruelmente, explotó asesinándolo. Reuniendo piedras, hachas, chuzos, y venciendo el temor a las armas del “enemigo”, las masas entraron finalmente a la casa de este sádico personaje, saldando cuentas de manera expeditiva.
Después del ajusticiamiento, todos y todas acordaron no delatar a nadie, asumiendo que el hecho constituyó una clara acción de justicia popular. El pueblo estaba cansado no sólo de que el Comendador tomara a las mujeres por la fuerza, sino del carácter del régimen que el finado imponía. Por eso, cada vez que a lxs habitantes de esa región les preguntaban quién lo mató, todxs respondían: “Fuente Ovejuna”.
Las acciones de justicia popular, como la de Tucumán, no expresan la reacción de sectores lúmpenes o marginales que giran a la derecha, apuntando su violencia hacia la clase trabajadora, como sucedió en épocas del fascismo. Son, en definitiva, muestras del avance de una clase trabajadora que está harta de la prepotencia e impunidad de lxs de arriba y la delincuencia que está latente en los barrios sin que los uniformados hagan algo para detenerla, ya que por lo general trabajan para sus jefes, cuya única preocupación es defender la propiedad privada de ricos y famosos.

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