Por Ernesto Buenaventura
Juan Grabois acató sin chistar la orden judicial de desalojo
de las tierras de la familia Etchevehere, luego de haber presentado en sociedad su rimbombante “Proyecto
Artigas”, una pequeña huerta cuyo objetivo principal no era producir tomates o
alcachofas, sino agigantar su figura, ubicándose como un líder de recambio un poco más “radicalizado” que el
actual presidente o la propia Cristina.
Es que la “Santa” Iglesia, Católica, Apostólica y Romana, a la que responde y que conoce muy bien el oficio de mantenerse a flote en medio de crisis turbulentas, caracteriza
que poco durará el actual gobierno, que no cuenta con fondos
para ejercer el tradicional populismo que le dio de comer a los peronistas en
épocas de “vacas gordas” o del “viento de cola” generado por el ascenso espectacular
de los precios de la soja.
Francisco entiende que al actual proceso de rebeldía no se
le puede ofrecer una nueva variante “neoliberal” ni la continuidad del
viejo aparato peronista, que con o sin Cristina está dejando de serle útil a la
burguesía y quedándose sin apoyo obrero y popular. La
maniobra papal tiene, por lo tanto, la finalidad de maquillar a un régimen que
se hunde, de manera de preservar al Sistema Capitalista, en el cual el Vaticano tiene depositada sus acciones, que no son pocas.
No es casual que Grabois haya presentado su proyecto con personajes,
que como los curas, están habituados a vivir bien mintiendo -los burócratas tradicionales y la nueva burocracia “piquetera”- El 10 de agosto pasado, Grabois presentó
formalmente la iniciativa en un acto que encabezó junto a Gerardo Martínez
(UOCRA), Sergio Sasia (Unión Ferroviaria), Pablo Moyano (Federación de
Camioneros) y referentes de SMATA, UTEP, Barrios de Pie y el Frente Popular
Darío Santillán, entre otros.
Este “Plan Marshall” criollo, que se propone la creación de 4 millones de puestos de trabajo social, es una mentira enorme
que el mismo párrafo en el que habla de esta perspectiva evidencia. ¡A
continuación de esta oración, escrita para construir el engaño, otra, tan
breve como la primera, explica que la pretensión de la cumbre eclesiástica es no va más allá de crear 170 mil empleos
registrados regulados por
convenio colectivo!
Además, la propuesta de Grabois no sirve para encarar una política agropecuaria superadora de la actual, que no se resolverá enviando a millones a trabajar al campo, que está total y absolutamente mecanizado, debido a un hecho incontrastable: la burguesía agraria es la más dinámica del país y una de las más avanzadas en el rubro a nivel internacional.
Lo que hay que hacer es aprovechar esa realidad, no para volver atrás en la rueda de la historia, creando miles de unidades productivas apoyadas en técnicas obsoletas, sino para reconvertir esa gran fábrica de productos agro ganaderos en una factoría al servicio del conjunto, para lo cual será necesario abandonar las técnicas contaminantes y el nefasto y depredador monocultivo. Eso sólo podrá ser llevado adelante por el gobierno de la clase trabajadora, que se beneficiará al hacerlo, ya que para avanzar en ese sentido deberá industrializar el país como nunca antes en la historia.
La demagogia que se plantean los curas y los burócratas sentados en la mesa con Grabois, ya no pasa por repartir algunas migajas o concesiones, que no está en condiciones de otorgar, sino por mentir de una manera diferente. Por eso, cuando se acaba la cuerda a uno de los vendedores de humo más habilidosos, otro mercanchifle se apura para ofrecer sus productos, aunque envasándolos con papel "celestial", parecido al que se utilizaba para imprimir las viejas estampitas que se repartían en la misa de los domingos.
Llegó el momento de romper definitivamente con todas las variantes del populismo,
construyendo un Partido de Trabajadores y Trabajadoras, tarea que la izquierda
revolucionaria y el activismo combativo debe tomar como propia, ubicándose a la
altura de las circunstancias.

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