La rebelión policial, que se ha extendido y profundizado, significa un salto de calidad de un proceso de movilizaciones reivindicativas que va desde los laburantes más humildes y explotados hasta la “maldita” Bonaerense, pasando por un amplio espectro de sectores, entre los que se encuentran dueños y empleados de los gimnasios, las agencias de turismo, los bares, los teatros, etc.
Es que la cuarentena del gobierno, dictada por el FMI y la OMS, dejó un tendal de heridos, que salen a las calles motivados por sus reclamos insatisfechos. En el caso de la Policía, esta situación se combina con la agitación de una parte de sus cúpulas, quizá hasta del propio Berni, debido a que la mayor parte de la inversión prometida por Alberto fue a parar a los municipios, relegando a la fuerza.
Lo cierto es que a pocos días de que los peritos forenses dieran a conocer que el cadáver encontrado en Bahía Blanca era el de Facundo, secuestrado y asesinado por la Bonaerense, la mayor parte de sus efectivos han salido a cortar calles, copiando los métodos de la clase trabajadora o del movimiento piquetero, a quienes ellos mismos y por idénticas razones suelen reprimir.
Para quienes queremos destruir al Estado Burgués, lo que sucede no deja de ser una buena noticia. Es que una de las partes fundamentales de la columna vertebral que sostiene al Estado Burgués, está atravesando un estado de crisis interna, que adquiere características asamblearias, una dinámica que atenta objetivamente contra el punto nodal de las fuerzas represivas, que es su disciplina vertical.
Para acabar
con el Estado habrá que derrotar a sus tropas. ¡Por lo tanto, qué mejor que en
vez de que estén acatando a sus mandos se les insubordinen! En ese sentido, si algo pudiéramos hacer para incidir en los
actuales acontecimientos, sería alentar la continuidad de este proceso, que en
los hechos y tal como lo denunciaron varios plumíferos de la burguesía, es “disolvente”.
¡Nuestro objetivo continúa siendo el de desmantelar a la Bonaerense y castigar a los asesinos de Facundo! Para eso, de nada sirven los planteos de algunos partidos de izquierda, afectos
a la “sindicalización” de los uniformados, porque los sindicatos policiales
actúan como herramienta disciplinadora de los comisarios y de las mafias que
los rodean.
No sirve
tratar a los policías cual si fueran laburantes “comunes y corrientes”, porque
debido a su función represiva, nada tienen que ver con estos, salvo en que
cobran un salario. Tampoco se puede tener expectativas en que, sindicatos u
otras tácticas mediante, dejarán de cumplir con su papel de perros de presa de la burguesía. Esto no podrá suceder mientras exista la dictadura del capital, que
bajo cualquiera de sus formas, siempre les terminará imponiendo la más rígida de las disciplinas.
Cuando
explote la revolución y la clase obrera le dispute el poder a la burguesía, será
posible torcer a un sector de las fuerzas represivas, como ha sucedido en todas las
revoluciones. Mientras
tanto, debemos hacer todo lo posible para que cuenten con el menor poder de fuego posible, para que se dividan y desmoralicen. Ahora, por ejemplo, qué mejor que sigan en las
calles en vez de que se dirijan hacia Guernica para desalojar a los sin techo
que ocupan terrenos.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario