La policía cuenta con la impunidad que le brinda el gobierno
bajo cuyas órdenes funciona. Diarios, radios, canales de TV hacen campaña, machacan
y machacan todo el día con las ideas más atroces: ser joven, ser pobre, tener
la piel oscura, vivir en barrios humildes, tener familias pobres, trabajos
precarios, ser súper explotados, o estar desocupados ya configura un peligro
para la sociedad. Son jóvenes sin derecho.
No pueden salir a la calle, ni tener amigos con los que
conversar o jugar al futbol o escuchar música o ir a bailar. La policía tiene
pleno poder para pararlos en la calle, a cualquier hora, pegarles salvajemente,
balearlos, llevarlos a la comisaría y continuar con las torturas. Y así en todo
el país. No son “excesos” de algunos policías. Son las órdenes que claramente
reciben con el consiguiente respaldo político.
La pestilente Brújula, heredera de la Nueva Provincia,
tradicional usina de incitación a la violencia contra los jóvenes, que todos
los días escupe intolerancia desde sus páginas, no ha cesado, desde la denuncia
de la desaparición de Facundo, en operar en beneficio de esta justicia para
ricos y de sus peones: la maldita policía bonaerense. ¡¡No les creemos ni una
línea!! A su mamá, Cristina, sí le debemos confianza.
A su pueblo, que se movilizó masivamente y sabe muy bien lo
que es la policía. También a sus abogados que han puesto lo que había que poner
frente a los asesinos de la bonaerense y sus encubridores. Debemos rodearlos de
solidaridad y tomar sus propias palabras: Que Nunca Más, sea Nunca Más en
serio. Para que nunca más, sea nunca más en serio: hay que pararles la mano!!!
La justicia no es ninguna garantía.
Solo si los familiares de las víctimas, que empiezan a
perder el miedo, rodeados de sus vecinos más conscientes, así como de los
padres y madres que viven con el permanente temor de que sus hijos sea víctimas
de la violencia policial, y en especial los miles de jóvenes, victimas
propicias de la delincuencia policial empiezan a organizarse será posible
terminar con la delincuencia policial.
Si los sectores sindicales y políticos de la ciudad se
comprometen a tomar esta lucha como propia (porque también sus hijos pueden ser
víctimas) e impulsan un numeroso y decidido movimiento que exprese públicamente
su repudio al accionar policial. Si los jóvenes de los barrios, víctimas
privilegiadas del gatillo fácil, se organizan en defensa propia, podemos decir
que habremos echado a andar un movimiento en defensa de la vida, dispuestos a
no parar hasta que todos los culpables del asesinato de Facundo Castro se
pudran en la cárcel y se ponga fin a la licencia para matar que hoy porta toda
la policía del país.

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