Introducción, Musa Ardem
Una parte significativa de Beirut, la capital del Líbano, fue destruida por la tremenda explosión de un cargamento de nitrato de amonio, que supuestamente estaba guardado en la bodega de un barco ruso abandonado en el puerto de esa ciudad tan emblemática de Medio Oriente.
Esto sucedió justo en medio de otra gran explosión, aún más fuerte y profunda, la revolución social, que comenzó en las jornadas de octubre empujando a miles a las calles, que están reclamando la dimisión del gobierno corrupto. ¡Más de un alto funcionario habrá respirado, pensando que con la conmoción provocada se posterga el triunfo de la revolución en curso!
Sin embargo, igual que las cuarentenas que todos los gobiernos capitalistas intentan mantener a capa y espada, para regimentar a las masas, el pánico actual pasará rápido y el proceso revolucionario no sólo continuará, sino que se profundizará, como sucede en otros países del mundo, donde los trabajadores y los pueblos han recuperado la ofensiva en esta situación revolucionaria inédita, que ha puesto a la burguesía mundial contra la pared.
La tarea de los revolucionarios y las revolucionarias consecuentes no es otra que la de ayudar a las masas a concretar la tarea histórica que tienen que llevar adelante, para que el mundo deje de ser el infierno al que nos condenaron los capitalistas, haciendo surgir de sus ruinas, a una nueva sociedad, sin explotadxs ni explotadorxs, una sociedad socialista.
Elias Khoury, un afamado escritor, dramaturgo y crítico literario libanés escribió, refiriéndose a lo sucedido en Beirut, lo siguiente:
Una ciudad de ladrones, arrestada por el poder de los tontos
y destrozada por príncipes que son la mano de obra de fuerzas extranjeras. La ciudad explotó porque fue arrojada de su largo lecho de
muerte. No pregunten a la ciudad el nombre de su asesino, su
gobernante la mató. Beirut lo sabe y todos lo saben.
El asesino de la ciudad fue quien quería aplastar la
revolución del 17 de octubre, formando un gobierno tecnocrático de mafias y
lanzando perros de represión en las calles [...] Curaremos las heridas de Beirut y le diremos a nuestra
ciudad que volverá a nosotros, pobre pero espléndida, cansada, pero su espíritu
se renovará; engrosado por las heridas, incluye nuestro dolor y limpia las
lágrimas de nuestros ojos.
El tiempo de los malhechores que controlaron nuestros
destinos con varios nombres ha terminado.
No queremos el aceite de sus amos, no creemos en la
renuencia de sus mulás y sus sectas no nos conciernen. En cuanto a los hombres y mujeres jóvenes del levantamiento
del 17 de octubre, deben saber que ha llegado el momento de la revolución
total.
Revuélvete para vengarte de Beirut. Revuélvete para hacer una patria con estos escombros. Revuélvete para pintar Beirut con la sangre de sus hijos.

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