Por Damián Quevedo
Hay historiadores que atribuyen -de manera unilateral- el magro desarrollo capitalista de Argentina a la fertilidad de sus tierras, que por ser tan ricas fomentaron la existencia de una clase terrateniente ociosa, distinta a la que tuvo lugar en los Estados Unidos, que desarrolló una poderosa industria vendiéndole sus productos a millones de “farmers”, los pequeños propietarios rurales poseedores de un gran poder adquisitivo. (Leer todo)
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