Por Horacio Lagar, escrito inmediatamente después que Juan Pablo II visitara Cuba en 1998
Los cinco días de Enero
en que el Papa tuvo a sus pies a Fidel
Castro y a todo el Gobierno y el Estado Cubano, provocaron en millones de
espectadores reacciones diversas, que van desde la simpatía y la sensación de
triunfo, hasta el rechazo y la desilusión. Una gama heterogénea de sentimientos
encontrados se expresó en la prensa, los lugares de trabajo, los hogares y el
corazón de las personas. El drama de la humanidad debatiéndose durante los
últimos 40 años entre la promesa de Socialismo y la barbarie del Capitalismo,
no pasaron en vano. Para un sector de la sociedad
identificada con el stablishment, el Papa viajó a Cuba para dar la
extremaunción al Socialismo. Así lo expresó el Cardenal español que acompañó al
Papa en el avión -Monseñor Carlés- declarando que ¨. . . la visita puede hacer
que ocurra con el último bastión marxista lo mismo que con el Muro de Berlín,
con Polonia y con tantos otros lugares: que abra ¨aquello¨ a nuevas
circunstancias¨. (Leer todo)

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