Por Juan Giglio
El Paro General del 6 de Abril ha sido, sin lugar a dudas,
la huelga más contundente de los últimos años, paralizando desde el transporte
hasta las industrias, pasando por los bancos, las oficinas públicas, el
comercio, las escuelas y prácticamente todas las actividades productivas del
país. La contundencia de la medida tuvo que ver con que no han
sido solo los trabajadores quienes la tomaron en sus manos, sino también un
sector del empresariado “nacional”, que debido a la apertura de las
importaciones y el aumento de los costos, las tarifas y los impuestos está
pasando por una crisis terminal. La campaña del gobierno para minimizar el golpe recibido –
denunciando las “mafias”, pegándole a los burócratas más impresentables o
instalando en los medios la “violencia” de los piquetes, etc. – no dio
resultado, porque no pudo ocultar lo innegable: el país se paró totalmente durante
24 horas. Los trabajadores lo decidieron mayoritariamente, no
importándoles que al frente de la convocatoria hayan estado los dirigentes que
detestan y suelen pasar por encima, expresando de esa manera una radicalización
que apunta a desbordar política y sindicalmente a las conducciones
tradicionales. (Leer todo)

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