Por Juan Carlos Beica
Nahuel Moreno fue, sin lugar a dudas, el dirigente más importante del trotskismo argentino y uno de los más grandes a nivel internacional, ya que tuvo el mérito de instalar la corriente fundada por León Trotsky en el seno del proletariado y de intervenir en los procesos más avanzados de la lucha de clases del mundo, practicando el internacionalismo militante. Moreno no hacía propaganda de la realidad - como muchas sectas que se reivindican trotskistas y terminan haciendo “periodismo revolucionario” - siempre trató de transformarla aprovechando oportunidades hasta las oportunidades más pequeñas, con el fin de convertir al partido nacional e internacional en un agrupamiento capaz de influir a las masas. Varias camadas del activismo fueron educadas por el “morenismo”, que les inoculó “anticuerpos” contra la colaboración de clases o “frente populismo”. Textos como “La traición de la OCI”, enfrentando a los trotskistas franceses que capitularon a la socialdemocracia, o “Lora reniega del Trotskismo”, desnudando la estrategia frente populista del tándem Lora-Altamira, mantienen una vigencia excepcional. En “El Partido y la Revolución” polemiza con el dirigente del Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional, Mandel, anticipándose al debate que hoy plantean los seguidores de Gramsci, quienes al igual que los mandelistas no elaboran un programa al servicio de la movilización, sino en función de la educación y la organización de la vanguardia. Unos, promovían acciones ejemplificadoras, los otros, organizan la “contra hegemonía”. “Conceptos políticos elementales” es un texto simple pero magnífico, ya que brinda las herramientas principales que debe tener un revolucionario para enfrentar los desafíos de la lucha de clases. Igual que “Problemas de Organización”, que trata sobre las distintas formas de organizar al activismo, la militancia y la periferia partidaria, adaptándose a las circunstancias y sin caer en errores oportunistas o sectarios.(Leer todo)
Nahuel Moreno fue, sin lugar a dudas, el dirigente más importante del trotskismo argentino y uno de los más grandes a nivel internacional, ya que tuvo el mérito de instalar la corriente fundada por León Trotsky en el seno del proletariado y de intervenir en los procesos más avanzados de la lucha de clases del mundo, practicando el internacionalismo militante. Moreno no hacía propaganda de la realidad - como muchas sectas que se reivindican trotskistas y terminan haciendo “periodismo revolucionario” - siempre trató de transformarla aprovechando oportunidades hasta las oportunidades más pequeñas, con el fin de convertir al partido nacional e internacional en un agrupamiento capaz de influir a las masas. Varias camadas del activismo fueron educadas por el “morenismo”, que les inoculó “anticuerpos” contra la colaboración de clases o “frente populismo”. Textos como “La traición de la OCI”, enfrentando a los trotskistas franceses que capitularon a la socialdemocracia, o “Lora reniega del Trotskismo”, desnudando la estrategia frente populista del tándem Lora-Altamira, mantienen una vigencia excepcional. En “El Partido y la Revolución” polemiza con el dirigente del Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional, Mandel, anticipándose al debate que hoy plantean los seguidores de Gramsci, quienes al igual que los mandelistas no elaboran un programa al servicio de la movilización, sino en función de la educación y la organización de la vanguardia. Unos, promovían acciones ejemplificadoras, los otros, organizan la “contra hegemonía”. “Conceptos políticos elementales” es un texto simple pero magnífico, ya que brinda las herramientas principales que debe tener un revolucionario para enfrentar los desafíos de la lucha de clases. Igual que “Problemas de Organización”, que trata sobre las distintas formas de organizar al activismo, la militancia y la periferia partidaria, adaptándose a las circunstancias y sin caer en errores oportunistas o sectarios.(Leer todo)

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