Por Juan Carlos Beica
Desde que asumió, el gobierno de Macri trató de ocultar sus
principales políticas de ajuste, saqueo y explotación pegándole -con munición
pesada- a la corrupción kirchnerista e impulsando todo tipo de investigaciones
y juicios contra sus ex funcionarios -como Milagro Salas- y la propia presidenta,
que está siendo acorralada judicialmente. Otro de los ángulos de ataque del macrismo -cuyas
principales figuras tienen fuertes vínculos políticos y económicos con el
sionismo- fue, y continúa siendo, el cuestionamiento de la política “pro iraní”
de Cristina, acusándola -directa o indirectamente- del asesinato del ex fiscal
Nisman, ocurrido en la ciudad de Buenos Aires el 18 de enero del año 2015. Estas denuncias constituyen algo más que una “cortina de
humo”; ya que expresan la presión del influyente y poderoso lobby sionista
argentino, que forma parte orgánica del gobierno y está en contra del
acercamiento con Irán promovido por el casi ex presidente Obama y sus aliados,
política que tomó en sus manos Cristina Fernández de Kirchner. Una de las cartas que jugaron el gobierno y los sionistas
locales para esto, fue, meses atrás, la mediática reaparición del agente
Stiusso, quien salió con los “tapones de punta” a acusar a Cristina, Delía y
Esteche de la muerte de Nisman, denunciando la existencia de un supuesto
“comando venezolano-iraní” que habría actuado en la ejecución del fiscal. Más allá de estos fuegos de artificio, que los de arriba
-con Macri, Patricia Bullrich y otrs funcionarios a la cabeza- intentarán
aprovechar para iniciar una caza de brujas en nombre de la “lucha contra el
terrorismo”, es necesario analizar esta situación en profundidad, de manera de
comprender las razones más profundas del asesinato del ex fiscal. (Leer todo)

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