La asunción de Donald Trump provocó un estado de rebelión popular
nunca visto en el país más poderosos del mundo, con millones de personas
protestando en las calles de todo el país. Esta situación expresa un tremendo
odio obrero y popular, no solo hacia el nuevo presidente sino para con el
conjunto del stablishment político. La mayoría - una parte de la cual ni si quiera fue a votar -
quedó profundamente hastiada por la campaña de acusaciones morales entre el presidente
electo y Hillary, tiene mucha bronca porque viene sufriendo los efectos del
Plan de Ajuste de Obama e intuye que el que viene no es otra cosa que la profundización
del anterior. Con los demócratas en el gobierno, la deuda superó el 120%
del Producto Bruto Interno, cayó en picada la producción industrial y cientos
de miles de trabajadores y sectores medios fueron empujados hacia la indigencia,
aumentando estrepitosamente los índices de desocupación, criminalidad y
marginalidad. El imperialismo yanqui entró de lleno en una situación mucho
más crítica debido a la debilidad del gobierno electo y el estallido del
régimen bipartidista, que generó una poderosa fragmentación, principalmente dentro
de las filas del ganador, que está partido en decenas de facciones que no
quieren a Trump y se combaten entre sí. (Leer todo)
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