Por Nicolás Riu
Diez días de enormes movilizaciones, bloqueos y represión ya
se vivieron en México, donde el pueblo de cada rincón del país continúa
expresando su rechazo al denominado “gasolinazo”, promovido por el gobierno de
Enrique Peña Nieto del PRI. Luego de entregarle la Pemex - empresa nacional del petróleo
mexicana - a la voracidad de los monopolios, Peña les hace un nuevo regalo: los
aumentos, que van de entre un 20% y 30% de los combustibles, golpeando de esa
manera al conjunto de la economía popular, que consume gas, nafta y electricidad. En ese contexto, el peso mexicano ha sufrido una devaluación
enorme, profundizando la caída a pique del poder adquisitivo de la clase
trabajadora, que dijo ¡Basta! ganando las calles con la consigna ¡Abajo el Gasolinazo!
y ¡Fuera Peña Nieto! Frente a eso, el presidente, utilizando la cadena nacional,
intentó frenar la explosividad social reafirmando el contenido de su plan de
ajuste y entrega, adornándolo con el anuncio, demagógico, de medidas “sociales”
que no tendrán ningún impacto en los bolsillos de las mayorías obreras y
populares. La rebelión actual no es más que la continuación de las enormes
movilizaciones por la aparición de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa
y por los docentes de la CNTE, un proceso de ascenso del movimiento de masas,
que golpea duro a un régimen cada vez más débil y en crisis, que tampoco sabe
cómo ubicarse frente a la inminente asunción de Trump. (Leer todo)

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