Por CE CS Combate
Camino a las fiestas y a poco de cumplirse el primer aniversario
del mandato de Macri, la CGT y las dos CTAs despidieron el año dándoles las
espaldas a los reclamos obreros. Los primeros, acordando un bono fantasma que muchos
ni van a cobrar, y los otros, organizando una tibia marcha a Plaza de Mayo sin proponer
ningún tipo de plan de lucha. Si existía alguna posibilidad de que las centrales obreras
hicieran otra cosa, la intermediación de la Iglesia de Bergoglio se encargó de
evitarlo, erigiéndose como el principal sostén de la gobernabilidad, tirando “agua
bendita” a las llamas de la conflictividad social, un papel similar al que está
cumpliendo en otros países latinoamericanos, como Venezuela. Todo sucede en un marco cada vez más perjudicial para los
intereses de la clase obrera que estas centrales dicen representar. Todos los
números, incluidos los oficiales, demuestran que se produjo una tremenda baja del
poder adquisitivo, que la mayoría cobra salarios por debajo de la canasta familiar
y que casi el 50% de los/as ocupados/as está precarizado/a. Miles de despidos arrojaron a la pobreza a buena parte de la
población, mientras que la inflación y los tarifazos empujan para ese lado a
los que todavía tienen la “suerte de seguir trabajando”, razón por la cual no
han cesado los conflictos obreros. Miles están resistiendo el ajuste con peleas
parciales que las centrales obreras pretenden mantener atomizadas. (Leer todo)
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