Por Ernesto Buenaventura
A pesar de
que las estadísticas más firmes, que son las que toman nota de las muertes, no se han
movido desde hace meses, siendo prácticamente las mismas que años atrás
correspondían a decesos por enfermedades infecto-respiratorias (ver nota) desde
el gobierno están llevando adelante una gigantesca e inédita campaña de terror, anunciando la
llegada de un “monstruo” inigualable, aquel que vendría con la “segunda ola” del
Covid-19.
Más allá de
la discusión acerca del patógeno, nosotros no creemos casi nada de lo que dicen
la OMS y los funcionarios gubernamentales, queda cada vez más claro que los de
arriba están agigantando la peligrosidad del virus para que los trabajadores y el pueblo nos olvidemos de
las miserias cotidianas -salarios a la baja, aumentos de precios, falta de
trabajo, precarización y flexibilización laboral y un largo etcétera de
penurias- y pensemos solamente en salvar nuestras vidas, aceptando los protocolos, y quedándonos en casa mientras aguardamos el turno para ser vacunados.
No es
nuestra intención, en este artículo, explicar lo que pensamos acerca del virus,
ya lo hemos hecho en infinidad de notas. Lo que sí pretendemos es llamar la
atención de los luchadores y las luchadoras, convocándolos a que no caigan en la trampa de los de arriba, que mientras machacan y machacan - prácticamente en cadena nacional- sobre el peligro "invisible", nos meten las manos en los bolsillos de una manera inusitada!
¡Mientras nos aterrorizan para desmovilizarnos, nos revientan conquistas e imponen las peores condiciones de trabajo!
Si esta situación continúa, nuestra salud se terminará deteriorando como nunca, por una razón más que sencilla de entender -¡La caída a pique de la calidad de vida del conjunto!-
lo cual hará que cualquier enfermedad nos dañe o termine matándonos. Tenemos que levantar la cabeza para ver más allá de la propaganda
oficialista, que está siendo acompañada por la mayoría de la oposición, para comprender que no nos queda otra que salir a
pelear con todo por nuestra dignidad.
Por todo esto, no podemos “quedarnos en casa”, como recomiendan los políticos que están
al frente de todas las instituciones del estado. Debemos organizarnos, hacer asambleas y resolver entre todos y todas la paralización de nuestros lugares de trabajo y estudio, la realización de piquetes y movilizaciones, en camino hacia una gran pueblada, otro Argentinazo que le tuerza el brazo al ajuste y los
ajustadores. Que acabe con el saqueo de los monopolios extractivistas y las grandes entidades financieras, que están aprovechando la “volteada” para llevársela en “pala”.
Si caemos
en las garras de la propaganda gubernamental, sostenida por los grandes
laboratorios -que están haciendo el negocio de sus vidas- vamos a morir muchos y muchas, pero no por el virus, sino por el hambre, que llegará al hogar de millones. ¡Estamos frente a una gran encrucijada, una cuestión
de “vida o muerte”! ¡O luchamos como corresponde o terminaremos como Haití
u otros países, que después de haber sido prósperos acabaron en en la ruina
total, debido a la voracidad de los capitalistas!
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