DNU para permitir que los agentes de la SIDE tengan las manos libres para reprimir al pueblo y convertirse en la GESTAPO de Milei
Milei, entre
gallos y medianoches, firmó un decreto mediante
el cual autorizó al personal de la SIDE a detener personas
sin necesidad de una orden judicial y sin identificarse. La promulgación de este DNU es un avance gigantesco contra
las libertades democráticas, ya que le otorga poderes absolutos a
los espías, personajes siniestros que trabajan en lo
que muchos han denominado “la cloaca de la
democracia”.
La norma de Milei autoriza a agentes de
inteligencia, que son secretos por naturaleza, a detener a personas solo con
decirles verbalmente que pertenecen a la SIDE. Un extravío de cualquier noción del Estado de Derecho. La policía, en cambio, viste uniforme o debe tener una
clara identificación para negarle
(por poco tiempo, hasta la intervención de un juez)
la libertad a alguien que está cometiendo un
delito. (La Nación 11/01/2026)
Esta normativa,
digna de cualquier dictadura militar, le permitirá a la patota de la “inteligencia” argentina funcionar como los grupos de
tareas del Proceso videlista, vulnerando las libertades elementales y del orden
constitucional, que, de una u otra manera, debe garantizar el régimen democrático burgués.
Este decreto
nace en el mismo período en el que se debate la reforma laboral, porque
desde el gobierno entienden que el plan de ajuste no pasará sin aplastar la resistencia obrera. En ese sentido, los de arriba necesitan valerse
de la represión selectiva, para cazar al activismo más combativo, a los luchadores y luchadoras que
no controla la burocracia sindical peronista.
La oposición patronal, principalmente peronista, reclamó formalmente por la inconstitucionalidad del
decreto. Sin embargo, en las cuestiones de fondo, peronistas, radicales,
macristas, federales y demás están de acuerdo con Milei, porque todos
entienden que el Estado tiene que reprimir
para imponer las políticas al servicio de sus representados, los
capitalistas de aquí y de afuera.
Para eso, el peronismo, cuando estuvo en el gobierno, contó con ministros de “seguridad” dispuestos a imponer la línea dura contra las luchas y los luchadores, como Sergio Berni o el “Sheriff” Granados. También las patotas -como la que asesinó a Mariano Ferreyra- y el manejo de la inteligencia con el general procesista Milani.
La lucha contra
el aparato de inteligencia, que, entre otras tareas, se ocupa de infiltrar
provocadores en las filas obreras y los partidos de izquierda, irá de la mano de la lucha contra los aspectos más reaccionarios del plan de ajuste, que ahora
tiene como objetivo la puesta en marcha de la reforma laboral esclavista.
Esta resistencia no será organizada por los burócratas de la CGT y la CTA, que están negociando -a espaldas de los trabajadores- la implementación de la reforma a cambio de que Milei les mantenga sus privilegios de casta. La izquierda y los sectores combativos deben tomar en sus manos esta tarea, impulsando la realización de asambleas y coordinadoras democráticas de las bases.

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