El FMI cambió la política cambiaria del gobierno, demostrando que sus funcionarios son los que realmente mandan en este país
Por Damián Quevedo
El gobierno
anunció que flexibilizará los controles cambiarios, aunque sin quitarle todavía el cepo al dólar. Desde enero ajustarán a la moneda estadounidense de acuerdo a las
cifras de la inflación que marque el INDEC.
Este lunes el Banco Central de la República Argentina (BCRA) publicó un comunicado en el que informó que a partir del 1 de enero de 2026 el piso
y el techo del dólar se
actualizarán por la inflación con el último dato del
Indec disponible; o sea, el de dos meses antes. Al mismo tiempo, anunció un plan de recomposición de reservas internacionales con el que prevé sumar al menos 10 mil millones de dólares el año que viene.
En un intento de acumular reservas, el BCRA
anunció que va a aflojar una de las anclas
para mantener a raya la inflación, la
estabilidad del tipo de cambio. Desde enero de 2026 la cotización se moverá con respecto a
la inflación de dos meses antes. Además, durante todo el año se buscará comprar
reservas por 10 mil millones de dólares, siempre
y cuando “aumente la demanda de dinero”. (Página12,
16/12/2025)
Con esta medida, ordenada por el Fondo Monetario Internacional, Caputo pretende que el Banco Central comience a juntar algunos dólares para pagar las deudas, que son cada vez más grandes e impagables. El drama de los libertarios, es que, para conseguir divisas, no alcanza con las maniobras financieras o cambiarias, sino que es necesario reactivar el aparato productivo nacional, que está siendo destruido pr la motosierra.
Caputo espera
que con un dólar más caro, los ahorristas e inversores se vuelquen
masivamente al peso, para que el Estado no necesite vender dólares para contener el precio del verde. Esta idea, que
roza el pensamiento mágico, no tiene nada que ver con la realidad: los
grandes inversores no apostaron ni apostarán al peso, porque su valor -íntimamente ligado a lo que se produce, en realidad a lo que dejó de producirse- no
para ni parará de caer.
En este contexto catastrófico, el gobierno tendrá que afrontar los vencimientos de deuda del
mes de enero, por 4500 millones de dólares, para lo cual no le queda otra que volver a endeudarse, continuando con la bicicleta financiera que llevó a la Argentina a la actual crisis. ¡Para colmo de males, Trump ya dijo, que después del “salvataje”, se acabaron los dólares!
Todas estas
medidas financieras, ninguna de las cuales frenó la dinámica inflacionaria, no resuelven la crisis
económica y empujan al gobierno a profundizar el
ajuste, porque la super explotación obrera, por
un lado, y la entrega fenomenal de los recursos, son las únicas herramientas con las que cuenta para ofrecerle algo a los usureros
internacionales.
Sin embargo, la desindustrialización y la liquidación de conquistas -reforma laboral mediante- hará que, tarde o temprano, se despierte el
gigante dormido, la clase trabajadora, que, cuando gane las calles, saldará cuentas rápida y expeditivamente con el gobierno
libertario, como lo ha hecho con otros más pintados que este.
La izquierda
debe postularse audazmente para conducir esa rebelión, para lo cual tiene que ponerse al frente de todas las luchas, y, desde estas, ofrecer el único programa capaz de sacar
al país de la crisis, el programa de la revolución socialista, para que, de una vez por todas,
la paguen los que la provocaron, los capitalistas.

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