Renuncias anticipadas en el gabinete, la fuga de los que no quieren hundirse con el barco libertario


Por Damián Quevedo

El cierre de la campaña electoral dejó completamente desnudo al gobierno nacional, porque en las últimas semanas mostró de forma brutal su vocación de súbdito colonial de los Estados Unidos y su absoluta incapacidad para sostenerse sin los “rescates” del presidente yanqui Donald Trump. 

Además de la letra chica del swap y los dólares que aún no aparecen -en la que figura la entrega de los recursos naturales más valiosos- Milei mostró otro gesto de genuflexión. Este tuvo que ver con el nombramiento del nuevo canciller, un personaje más alineado con la moderna versión de “relaciones carnales” del menemato. 

El flamante ministro de relaciones exteriores, Pablo Quirno, hizo escuela en las negociaciones con el FMI, secundando a Caputo. De estrecha relación con Estados Unidos, aliado principal del gobierno libertario, Quirno fue también quien llevó adelante, junto al resto del equipo económico, las negociaciones con la gestión de Donald Trump para conseguir el apoyo del departamento del Tesoro que dirige Scott Bessent[1]. 

A pesar de las declaraciones de Donald Trump, quien aseguró que “Argentina está muerta”, el gobierno nacional continúa implementando la única política que tiene para tratar de resucitar, o al menos prolongar la agonía, de la moribunda economía nacional: pedir nuevos préstamos hasta que la burbuja estalle. 

En ese sentido, el resultado electoral puede convertirse en el golpe de gracia, algo que advirtieron aquellos funcionarios que abandonaron el barco antes de que se hunda, como los ahora ex ministros Cúneo Libarona y Gerardo Wertheim. De profundizar la crisis, estas pueden ser el inicio de una fuga masiva de ratas violetas. 

Quienes se han ido, para no ser arrastrados por el hundimiento de la nave libertaria, asumen que el gobierno ya está derrotado. No sólo por el resultado de las primarias de septiembre y los números de las encuestas, sino porque Milei no puede salir a la calle ni aparecer en ningún espacio público que no esté blindado para evitar masivos escraches. 

Por esa razón, el presidente resignó la posibilidad de cerrar la campaña en Buenos Aires, de manera de buscar algo de la mística perdida en aquellas provincias donde tuvo, tiempo atrás, mejores resultados, como Córdoba y Santa Fe. Sin embargo, ahí también fue repudiado por miles que ganaron las calles en contra de su gestión. Tal es la debacle libertaria, que, en medio de todo esto, le canceló una entrevista al obsecuente Luis Majul, porque le resulta cada vez más difícil responder sobre coimas y narcotráfico. 

La extrema debilidad del gobierno es equiparable solamente con la que tuvieron, quienes pasaron fugazmente por la Rosada durante la primera semana post Aargentinazo. Es por eso, que el conjunto de la oposición patronal, que le presta cada vez menos apoyo, trata de hacer poco ruido, igual que el peronismo, ya que no quieren poner en riesgo la gobernabilidad capitalista. 

Garantizar la gobernabilidad es, en definitiva, apoyar -directa o indirectamente- la política de entrega y sumisión al imperialismo de los libertarios. Los trabajadores y el pueblo deben hacer todo lo contrario, luchando a brazo partido contra la recolonización llevada adelante por Milei, con la complicidad de la oposición burguesa y burocrática, para imponer una salida revolucionaria, con un gobierno obrero y popular que rompa las cadenas de la dependencia y ponga a funcionar el aparato productivo al servicio de las mayorías. 



[1] La Nación 23/10/2025

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