Más allá del triunfo circunstancial de Milei, se debilita el régimen por los millones que no votaron, votaron en blanco o a la izquierda
Por Musa Ardem
Más allá del circunstancial triunfo de Milei, con muchos votos
menos que en su época de esplendor, los comicios demostraron
que los grandes perdedores continúan sido los partidos patronales mayoritarios, que en este caso -igual que en las provinciales- fueron castigados por más de 12 millones de personas que se quedaron en sus
casas. Si al ausentismo le sumamos los votos en blanco, los anulados y los que
cosechó la izquierda -800000 o más- el régimen ha profundizado su caída a pique.
Las elecciones legislativas 2025 dejaron un dato preocupante. La participación electoral en todo el país fue del 66% del padrón, la más baja desde el retorno de la democracia[1]. Este hecho demostró la existencia de un fenómeno fundamental: la debilidad pasmosa del andamiaje institucional sobre el que se sostiene el capitalismo semicolonial argentino, que tiene lugar en un marco general de crisis del capitalismo a escala planetaria.
Si el voto que llevó a la presidencia a Milei fue una reacción de buena parte de la sociedad contra el peronismo, esta elección puso en evidencia que esa respuesta o castigo no fue una cuestión momentánea, ya que la mayoría de la población ha roto con el PJ y sus dirigentes. En ese marco, lo que sucedió es otra expresión concreta -aunque la oculten los y las de arriba- de la crisis del sistema partidos, la democracia representativa, que continúa hundiéndose junto al peronismo, que es uno de agentes principales del capitalismo vernáculo.
Estas elecciones demuestran la existencia de un gran rechazo a la política de ajuste y entrega del gobierno nacional -la mayoría de la población votó contra el gobierno o no fue a votar- y que la mayoría de los trabajadores no ven al peronismo como portador de un programa alternativo al de Milei. El régimen está en crisis porque no funciona el mecanismo central que necesita para mantenerse vital la alternancia o l recambio entre partidos representantes de fracciones capitalistas.
Esto no quiere decir que el gobierno no se fortalezca coyunturalmente, todo lo contrario, ya que Milei, aprovechando el resultado y el apoyo fenomenal de Donald Trump, va a pasar a la ofensiva, tratando de imponer las reformas que le reclaman los grandes monopolios y el imperialismo, de conjunto. El problema para los capitalistas es, que, todo esto le va a durar muy poco, porque la bronca del movimiento de masas, que crece en la medida en que crece el ajuste, se convertirá muy pronto en rebelión, como las que ha explotado en Asia y se están trasladando hacia el resto del planeta.
Frente a esta realidad, la izquierda debe salir a trazar rayas, no solo con Milei, sino co el peronismo, explicándole a los y las de abajo que deben romper definitivamente con este cadáver maloliente para comenzar a construir un partido de trabajadores y trabajadoras que se proponga acabar con el capitalismo para poner en pie un gobierno revolucionario de la clase obrera, que libere al país del yugo imperialista y lo ponga a funcionar al servicio del pueblo.

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