Fuera del gobierno, o mejor dicho del presidente, todos los economistas de cualquier tendencia ideológica, sostienen que el rumbo económico está llevando al país a una catástrofe fenomenal. A pesar de que el gobierno dilapidó las reservas del BCRA y todos los préstamos que obtuvo de los organismos internacionales, Milei, nuevamente viajará a Estados Unidos para manguear a su “amigo” Donald Trump.
Sobre esto, el período británico Financial Times, acaba de publicar una
nota muy crítica del plan libertario: El Financial
Times lanzó una dura crítica al plan económico del presidente Javier
Milei, asegurando que "esta
dinámica no es sostenible" y que "la crisis se agudiza" en
Argentina. La publicación destaca que el Banco Central ha vendido más de
u$s1.000 millones en tres días para intentar apuntalar al peso, en un contexto de
incertidumbre política que ha "sacudido los mercados" y sembrado
dudas sobre el futuro de las políticas de tipo de cambio[1].
No es necesario ser economista para entender, que, si un gobierno pide dinero prestado de manera permanente, pero no tiene ni genera ingresos para abonar esas obligaciones, en algún momento no recibirá más préstamos ni podrá pagar los que tomó, entrando, por lo tanto, en una situación de quiebra o default.
Esto es lo que hicieron y continúan haciendo los libertarios desde que asumieron el gobierno, con un plan, que, supuestamente llevaría a la Argentina a convertirse en una potencia. Sin embargo, su política consiste exclusivamente en pedir préstamos para pagar deudas y volver a endeudarse, una bicicleta financiera que no puede extenderse en el tiempo sin colapsar.
Desde el inicio de la gestión de Milei y del ministro de Economía, Luis Caputo, el total de la deuda creció más de USD 35.463 millones. Eso sin contar el mix de instrumentos que el titular del Palacio de Hacienda apeló para engrosar las reservas, de modo de cumplir la meta con el Fondo Monetario Internacional (FMI): licitaciones de deuda en dólares por un monto máximo de USD 1.000 millones mensuales, y que alcanzarían un total de USD 7.000 millones en el año; y el acuerdo de otra línea de repo con bancos internacionales por USD 2.000 millones; sumado la emisión de un nuevo BOPREAL. Es decir, más deuda[2].
En este marco híper crítico, el gobierno se enfrenta a nuevos vencimientos con los bolsillos vacíos. Así como no existe equilibrio fiscal (no con semejante deuda) el gobierno tampoco logró frenar la inflación, en las últimas semanas luego de las elecciones, el peso se devaluó un 9%, al ritmo de la disparada del dólar, eso implica la caída del salario real.
Esta situación es prácticamente irreversible, por eso los mismos capitalistas que apoyaron a Milei al principio de su gestión, ahora están barajando la posibilidad de reemplazarlo -a través de los mecanismos institucionales que existen para lograrlo- por algún dirigente, que, aunque haga lo mismo, tenga un poco más de cintura y mejores modales. La burguesía apunta en ese sentido, porque tiene miedo de que explote una rebelión que adelante los tiempos.
Es que Argentina, que no es una isla, sigue el ritmo de lo que sucede en otras regiones, donde comenzaron a explotar grandes insurrecciones, como la de Nepal, que se llevó puesto al primer ministro y varios de sus funcionarios, con un método mucho más contundente y efectivo que los que suelen usarse dentro del régimen, la justicia popular. Esa ola revolucionaria, que comenzó en Sri Lanka y continuó en Indonesia y Nepal, ahora está llegando a Francia, donde decenas de miles piden la renuncia de Macron.
La izquierda revolucionaria debe agitar con fuerza la necesidad de
seguir el camino de Nepal y de Francia, impulsando para eso la construcción
-desde las bases- de otro Argentinazo que sirva para echarlos a todos de una
vez y para todas. Una gran pueblada, que convierta al país en una gran
asamblea, donde el pueblo decida, de manera democrática y participativa, qué
modelo de Argentina hace falta para salir de la crisis. Allí, los y las
socialistas, propondremos la necesidad de acabar con el capitalismo.

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