Por Ernesto Buenaventura
Eva Duarte, la supuesta "abanderada de los humildes", que murió el 26 de julio de 1952, jugó un papel central en el régimen comandado por el General Perón, negociando con los sindicalistas la resolución de convenios colectivos y conflictos laborales muy importantes. Desde ese lugar, Evita mantenía una relación cotidiana con la cúpula -estatizada- de la CGT, trabajando en los hechos como agente de “contención” de la combatividad proletaria.
Así actuó durante la gran huelga ferroviaria de 1950, movilizándose hasta los Talleres de Remedios de Escalada para exigirles a sus trabajadores que levanten el paro, orden que no fue aceptada por los huelguistas. En la película Eva Perón, dirigida por Juan Carlos Desanzo y escrita por José Pablo Feinmann, se representa el diálogo entre Eva y los huelguistas”: “Esta huelga, compañeros, que ustedes le están haciendo al gobierno peronista es contra el movimiento obrero, es una huelga contra ustedes mismos. El que le hace una huelga al peronismo es un carnero de la oligarquía", luego sigue: "hacerle una huelga a Perón es trabajar para la Antipatria".
Cuando un trabajador la increpa sobre el salario ferroviario, Eva le dice que, por supuesto no es justo, pero arremete: Además, compañeros, ¿Estamos hablando solamente de salarios, qué pasa… y la vivienda, los derechos sociales, las jubilaciones y las vacaciones pagas? ¡Todo eso se los dio Perón! Para la abanderada de los humildes, los trabajadores debían olvidar que esas conquistas se debían a las décadas de lucha”.
Para Evita y demás funcionarios peronistas, la tarea principal era evitar que los trabajadores y las trabajadoras confiaran en su capacidad de organización y lucha independiente, haciéndoles creer que la única posibilidad de acceder a ciertos beneficios o derechos, provenía de rendirle pleitesía a un agente de la burguesía, el General Perón. En ese sentido, refiriéndose al Primero de Mayo, día internacional de lucha de los trabajadores, Evita dijo:
“Es con inmensa alegría que vemos a esta muchedumbre apretujada, no con las manos crispadas ni con gesto de rebelión, sino de alegría y batiendo palmas para aclamar a Juan Domingo Perón, el líder de los trabajadores, que fue el hombre capaz de reivindicar la justicia social por tanto tiempo reclamada por los trabajadores de la patria”. “Sabemos que estamos ante un hombre excepcional, sabemos que estamos ante el líder de los trabajadores, ante el líder de la patria misma, porque Perón es la patria y quien no esté con la patria es un traidor.”
¡Los obreros, en sus clásicos primeros de Mayo, jamás habían hablado de patria, sino del internacionalismo proletario, uniendo a “todos los pueblos del mundo”, como decía la canción proletaria! Evita combatió eso, diciendo que: En nuestra patria ya no se entonan himnos extranjeros, sino que se canta el nuestro y no se enarbolan trapos foráneos sino que se lleva la inmaculada bandera azul y blanca… Este es un 1º de Mayo en el que los obreros han desterrado toda bandera foránea para enarbolar la azul y blanca, la más hermosa de las banderas, la nuestra, de la patria”.
Evita, contra la liberación de las mujeres
Los dirigentes, historiadores, filósofos y plumíferos del Partido Justicialista, han creado la idea, o mito, de que el voto femenino, implementado por primera vez en noviembre de 1951, constituyó un logro del peronismo en general, y de la figura de Eva en particular. Esta forma de presentar los hechos se hizo para negar la lucha por el sufragio femenino y por los derechos de las mujeres, de militantes -en su mayoría socialistas o anarquistas- como Julieta Lanteri, quien 40 años antes de que se proclamara el voto femenino, lograba votar en la ciudad de Buenos Aires, el 26 de noviembre de 1911, aunque sin poder conseguir que la ley proclamara ese derecho.
Eva Duarte sostenía que la mujer no tenía que cruzar la puerta de calle, posición que desarrolla en La razón de mi vida: “Nacimos para constituir hogares. No para la calle. La solución nos la está indicando el sentido común. ¡Tenemos que tener en el hogar lo que salimos a buscar en la calle: nuestra pequeña independencia económica… que nos libere de ser pobres mujeres sin ningún horizonte, sin ningún derecho y sin ninguna esperanza!”
En el Decálogo de la mujer argentina, publicado en el periódico del Partido Peronista Femenino, se decía lo siguiente: “Serás buena esposa y buena hija; mejor madre y maestra. Inculcarás en tus hijos las virtudes más sagradas y harás que su patria y el bien de sus hermanos de suelo, sea tu meta diaria. No derrocharás. Colaborarás o participarás en la enseñanza primaria de quien lo necesite. Te interiorizarás concienzudamente de todos los preceptos y conceptos fundamentales encerrados en la Doctrina Nacional, convirtiéndote así en un agente más de esa profunda y cristiana doctrina…”
“Por si todo esto fuera poco, la dama del General no se preocupó solo por defender el lugar tradicional de la mujer, sino que combatió a aquellas que querían cambiar las cosas. A esas compañeras las tildó de mujeres resentidas con la mujer y con el hombre, dominadas por el despecho de no haber nacido hombres. Ella decía de sí misma que no había sido feminista porque ni era soltera entrada en años, ni era tan fea”. (Razón y Revolución, 2017)
Osvaldo Bayer, que denunció con fuerza las verdaderas posiciones de Evita, dijo al respecto: “No sé lo que buscan los peronistas actuales de la Nac y Pop con reivindicar este discurso cuasi falangista de Eva Perón. Podrían hacer centro de su propaganda la obra social que realizó esta mujer. Pero no querer tomar como palabra sagrada todo un idioma que buscó terminar con un léxico de siglos que habían aprendido los obreros en sus desiguales luchas históricas en pos de la dignidad humana. Porque si no, van a terminar elogiando el discurso de Evita en España, en favor de Franco, un fascista de lo peor, fusilador de poetas”.
Los trabajadores y el pueblo pobre deben comprender que su salvación no vendrá de la mano de líderes "salvadores", como Péron o Evita, que en una época donde la economía nacional contaba con ventajas internacionales muy grandes, otorgaron concesiones a los/as de abajo para consolidar su subordinación a los intereses de las patronales y, al mismo tiempo, dinamitar cualquier posibilidad de que avancen hacia una política independiente de las burguesías.
En medio de la actual crisis capitalista no existe ninguna posibilidad de volver al populismo de Perón y Evita de la primera presidencia, ni siquiera al de Néstor y Cristina, que también tuvieron una situación internacional favorable. Para conquistar sus demandas elementales, el movimiento de masas debe construir su propio partido, de trabajadores y trabajadoras, revolucionario y socialista. Una organización sin dirigentes paternalistas, que sirva para impulsar las luchas cotidianas y una revolución, que entierre definitivamente a este sistema, capitalista y patriarcal.

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