El único plan del gobierno libertario -deuda, más deuda y timba financiera- colapsará inevitablemente


Por Damián Quevedo

Uno de los síntomas más característicos de las crisis en este país es el vuelco masivo hacia el dólar, que expresa la desconfianza generalizada en la moneda local. El problema para los partidarios de la “dolarización”, como Milei, es que, todo esto sucede en un contexto en el que conseguir verdes se volvió una tarea casi imposible para el gobierno nacional.  

Los préstamos en moneda extranjera rompieron su techo histórico, según se desprenden de los últimos datos del Banco Central. Así, el stock de deuda en dólares que tienen los privados es el más elevado desde al menos 2003, con más de u$s16.800 millones y subió más de un 55% en lo que va de 2025[1] 

El incremento de la demanda de dólares, tanto para el atesoramiento como para las transacciones comerciales, incrementa la presión devaluatoria y obliga al gobierno a salir a vender para contener la suba dentro de lo que su equipo económico denominó franja o banda de “flotación”.  

Esta intervención para controlar una moneda extranjera significa una sangría permanente de las reservas del Banco Central, a las que no ingresan suficientes divisas para aplacar al dólar y cumplir con los vencimientos de deuda, que, para el periodo de julio a diciembre en moneda local se estiman en $103.163.759 millones y en moneda extranjera en USD8.775 millones[2] 

En este marco crítico, los organismos internacionales y los gurús financieros ya ponen en duda la capacidad de pago del Estado argentino, lo cual, tarde o temprano, puede llevar a que se corten los préstamos y Argentina entre en cesación de pago, como ocurrió varias veces a lo largo de su historia.  

Hasta ahora, el Fondo Monetario Internacional, FMI, hace la vista gorda y continúa soltando préstamos, porque sus funcionarios consideran que, un quiebre en la Argentina, sería también un terrible golpe para el organismo, que, a un costo altísimo, continúa tratando de sostener al gobierno de Milei.  

La cuestión no es si la burbuja de la deuda argentina y el plan “Bicicleta” del timbero Caputo, van a estallar o no, sino cuándo se producirá la explosión. Aquí, la política se vuelve a mezclar con la economía, ya que el resultado electoral puede acelerar o retrasar ese proceso. ¡Sin embargo, y más allá de los números que resulten de los comicios y los parches fondomonetaristas, lo que no se podrá frenar es un desenlace catastrófico!  

Nadie, con la lógica capitalista, podrá realizar un milagro, porque la economía nacional -cada vez más dependiente y desindustrializada- no está en condiciones de generar las divisas necesarias para cubrir un pasivo, que, a lo largo del tiempo, seguirá incrementándose. Para crecer sería necesario romper con el imperialismo, que, para salvarse de su propia crisis, está obligado a intensificar el carácter semicolonial de los países periféricos.  

La liberación nacional solo podrá alcanzarse de la mano de una revolución, encabezada por la única clase social que, no teniendo nada para perder, se beneficiará de verdad con ese cambio, la clase trabajadora, liderada por un movimiento o partido revolucionario dispuesto a ir hasta el final.  



[1] Ámbito financiero 29/07/2025

[2] Observatorio de presupuesto del Congreso.

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