Por Damián Quevedo
La recesión económica, que se aceleró debido
a la aplicación del plan de ajuste libertario, está causando estragos. El mega
endeudamiento -promovido y concretado por el gobierno nacional- la apertura de
las importaciones y la presión impositiva sobre la pequeña industria local,
llevó al cierre de miles de empresas, con la consiguiente desocupación.
El
presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), Daniel Rosato, le exigió al
Gobierno Nacional definir e implementar una política destinada al sector
productivo para evitar una mayor mortandad de Pymes, que está cerca de ser
récord en la última década, casi al ritmo del efecto de la última pandemia. El
líder industrial denunció que durante el primer año de la gestión de Javier
Milei se perdieron más de 12.000 compañías debido a la recesión, la presión
impositiva y las inequidades que deben enfrentar las fábricas locales ante la
importación indiscriminada[1].
La liberación de impuestos para facilitar la importación de mercaderías, está destruyendo el aparato industrial argentino e intensificando el carácter dependiente del país. Todo esto acontece en un marco internacional en el cual, debido a la guerra comerciales, las grandes potencias hacen todo lo contrario: levantan barreras proteccionistas.
Para los trabajadores, esto significa más presión sobre el salario y pérdida de puestos de trabajo, un problema que los datos oficiales no pueden ocultar. El jueves 19 pasado se conoció el dato de desocupación oficial brindado por el INDEC y no encontramos con que el número volvió a crecer e incluso a superar el dato del mismo momento del año pasado porque este fue de 7.9% vs el 7.7% del mismo momento del 2024, incluso fue +2.2% con respecto a diciembre de 2023 y sabiendo por datos oficiales que la Población Económicamente Activa (PEA) es de 14.400.000 habitantes aproximadamente nos permite decir que la desocupación creció en promedio en todo el país en cerca 316.800 argentinos llevándolo a un total de 1.137.600 argentinos vs los 838.000 existentes en diciembre 2023 consecuencia que la PEA era de 14.533.000[2].
La lucha contra el plan de ajuste será un combate a brazo partido por la supervivencia de gran parte de los trabajadores. Una pelea que no dará la CGT ni la mayoría de los dirigentes gremiales, que permiten el avance de la motosierra sin mover un dedo o con algunas acciones testimoniales para quedar bien con sus bases. Hay que pasar por encima de estos crápulas y organizar asambleas en todos los lugares de trabajo, que voten un pliego de demandas y la coordinación con todos los sectores dispuestos a pelear.
En las asambleas y organismos de coordinación habrá que discutir y votar un plan para la reactivación industrial, que incluya, entre otras medidas, el no pago de la fabulosa deuda externa y la imposición de impuestos progresivos a los grandes monopolios que se están beneficiando con la crisis. Con esos fondos se podrá financiar la puesta en marcha de un plan de reconstrucción del aparato industrial y de servicios, controlado por los únicos interesados en que funcione, sus trabajadores.
Estas medidas nunca serán aplicadas por los responsables de la destrucción del país y su entrega a las grandes potencias imperialistas: los representantes de los partidos que gobernaron durante las últimas décadas, el peronismo, el radicalismo, el macrismo, el liberalismo, etc. Para liberar a la Argentina del yugo de la opresión colonial y desarrollar sus capacidades productivas, será necesario un gobierno distinto, un gobierno revolucionario de la clase trabajadora.

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