Las jornadas de junio y julio de 1975, encabezadas por las coordinadoras obreras, una experiencia que hay que retomar
Luego de la vuelta de Perón -en 1973 se concretó el “Pacto
Social”, cuyo propósito fue atar a la clase trabajadora al carro de la
decadente burguesía “nacional”, y así evitar que desborde los diques de
contención burocráticos. Sin embargo, en poco tiempo buena parte de los obreros
se dieron cuenta de que Perón, junto a su “amigo” Balbín - el capo de la UCR -
se habían unido con un objetivo reaccionario muy claro: hacer recaer la crisis
sobre las espaldas de los/as de abajo, para lo cual en 1975 se suspendieron las
negociaciones colectivas y congelaron los salarios.
Con la “tregua” social a su favor, la patronal sintió que
tenía las manos libres para despedir a los trabajadores/as. Mientras tanto, la
Ley de Asociaciones Profesionales le garantizaba el control de los gremios por
parte de sus aliados estratégicos, los burócratas sindicales peronistas. Llegó
a ser tan grande el prestigio del viejo caudillo, que muchos obreros de
vanguardia decían que “el Viejo venía para hacer la Revolución Socialista”. Sin
embargo, a contrapelo de estas ilusiones, el durísimo Plan de Ajuste hizo
crecer el descontento de los obreros, empujándolos a la lucha.
Esta situación, que se desarrollaba dentro de un contexto
internacional favorable para la clase obrera, fue la base sobre la cual se
comenzó a organizar y ganar fuerza el clasismo, que le permitió a la izquierda
revolucionaria ganar una excelente ubicación en batallones de vanguardia del
movimiento obrero, conquistando comisiones internas de fábricas y algunos
sindicatos. Al mismo tiempo aparecía y se extendía una cantidad enorme de
activistas combativos independientes que miraban con simpatía las ideas del
Socialismo y la Revolución.
El plenario de Villa y la Coordinadora Nacional
En marzo de 1974, durante el Plenario de Villa Constitución
convocado por la UOM de esa región con el propósito de celebrar su triunfo
contra la burocracia, se hizo presente la mayoría de las organizaciones de
izquierda, como el PRT/El Combatiente, Vanguardia Comunista, PCR, FAS, PST,
Política Obrera y otras. También participaron dirigentes sindicales de la talla
de Tosco, Salamanca, Suffi, Bizi -referentes importantes del Cordobazo -
Piccinini, etc.
La reunión de marras generó un debate acalorado alrededor de
la necesidad o no de encarar la construcción de una coordinadora nacional para
apoyar los conflictos y garantizar la autodefensa de los mismos contra la
burocracia y los grupos de choque de la Triple A comandada por López Rega. La delegación del PST, junto a otros grupos
menores, propuso poner en pie un organismo de esas características. A pesar de
que la propuesta fue rechazada por el resto de las organizaciones y dirigentes,
la moción afirmativa obtuvo el 40% de los votos, expresando una tendencia muy
potente dentro del activismo combativo.
La oposición esta política se expresó en una consigna
cantada por el activismo ligado a las organizaciones guerrilleras, a Piccinini
y otros sectores: ¡No rompan más las bolas con la Coordinadora! No haber
formalizado la construcción de este organismo de autoorganización sindical y
política de la clase trabajadora, constituyó un error fatal para el activismo
radicalizado y el proletariado de conjunto, ya que en los hechos fortaleció a
la burocracia, que desarmó política y organizativamente al movimiento obrero
frente al golpe de estado que ya se venía gestando.
La gran ofensiva contra la clase obrera
Con la muerte de Perón, producida el 1° de julio de 1974,
asumió la conducción del país Isabel Martínez de Perón o “Isabelita”, que
profundizó el ataque contra las condiciones laborales del movimiento obrero.
Por esa razón, a principios de 1975 la resistencia contra el ajuste y el “Pacto
Social” pasarían a transformarse en la tarea central de los trabajadores/as. En
ese contexto y en los hechos, comenzaron a coordinarse las comisiones internas
a través de delegados/as y activistas que buscaban canales propios de expresión
de la protesta, entendiendo que era la mejor manera de enfrentar ese verdadero
pacto de hambre y explotación que creó Perón y se llevó a fondo durante el
gobierno de Isabel y López Rega.
El rechazo a los planes del gobierno y la movilización
obrera dieron un salto a partir del proceso de consolidación de las
coordinadoras fabriles que comenzaron a nuclear a las fábricas de distintos
gremios de cada zona o región, como las Coordinadoras de Zona Norte, Sur y
Oeste -La Matanza- La Plata y Ensenada. En la Capital Federal se crearon la
Coordinadora del Transporte -subtes e interlíneas de colectivos- y la de
Capital Norte, organizada alrededor de Graba, una fábrica textil que empleaba a
más de cuatro mil obreros.
Algunas empresas importantes que formaron parte de estas
Coordinadoras fueron: Ford, los Astilleros Ascarza, Editorial Abril, General
Motors, Peugeot, el Frigorífico Swift, Propulsora Siderúrgica, Fiat, Rigolleau,
Mercedes Benz, Alpargatas, Del Carlo, Aceros Johnson, Saiar, Rodhia, Deca,
Citroen, Wobron, etc. También había sectores de los bancarios y docentes. Estos
últimos venían de organizar, un año atrás, la CTERA. ¡Así fue que esta forma
organizativa continuó extendiéndose!
14250 o Paro Nacional…
El 4 de junio de 1975 asumió como ministro de economía
Celestino Rodrigo, en momentos en que la burocracia trataba de negociar con el
gobierno sin tener que convocar a la huelga general. ¡Pero Isabelita se
mantenía inflexible! Varios gremios,
como el SMATA, UOM, UOCRA o textiles lograron aumentos que superaron el 100%,
en el marco de una inflación del 170 %. Frente a esta situación el gobierno
anuló los acuerdos y otorgó un aumento por decreto del 40%.
El decretazo de Isabelita provocó la explosión de los
trabajadores/as, en el marco de la intensificación de las movilizaciones
obreras, que seguían desarrollándose en forma independiente de la conducción
burocrática de los sindicatos. Las
grandes fábricas pararon el 27 de junio y, desde entonces, se sucedieron
diariamente movilizaciones para exigirle a la burocracia peronista que
convocara al paro general hasta lograr la homologación de los convenios
anulados por el decreto presidencial.
Las marchas organizadas y dirigidas por las coordinadoras,
acompañadas por miles se concentraban frente al viejo edificio de la CGT de
calle Azopardo, mientras que desde las escalinatas de la Facultad de Ingeniería
los activistas denunciaban el plan del gobierno y la necesidad de la huelga
general por tiempo indefinido hasta hacerlo caer. La exigencia era “¡Aplicación
de la Ley de Paritarias -14.250- o paro nacional!” El plan de lucha que se
estaba desarrollando en los hechos tomó colocó a esta consigna en el centro de
sus reivindicaciones.
El 3 de julio las coordinadoras llamaron a una gran
movilización hacia la Plaza de Mayo levantando consignas tales como “Abajo
Isabel, López Rega y Rodrigo” y “Homologación de los Convenios”. El gobierno
ordenó la represión. La policía atacó la
columna de 15.000 compañeros y compañeras de la Zona Norte en Panamericana y
General Paz. La Coordinadora de Zona Sur, con 7.000 manifestantes, se enfrentó
con la policía en el viejo Puente Pueyrredón, mientras que en Capital más de
dos mil obreros de los turnos mañana y tarde fueron gaseados en las puertas de
Grafa.
La represión dejó más de un centenar de trabajadores
detenidos. Sin embargo, la movilización obrera se mantuvo y se extendió. La
burocracia, atenazada por la intransigencia del gobierno y las crecientes
luchas obreras y sus organismos -que la dinámica estaba transformando en un
verdadero “poder dual”- declaró una huelga general de 48 horas, el 7 y 8 de ese
mes.
La movilización se transformó en multitudinaria, llegando a
más de 100.000 trabajadores/as en Plaza de Mayo. A las 36 horas de convocado el
paro, el gobierno se vio obligado a dictar la homologación de los
convenios. Unos días después, el 11 y el
18 de julio respectivamente, cayeron el ministro de Bienestar Social José López
Rega -el huido jefe de la Triple A- y el ministro de Economía Celestino
Rodrigo… un triunfo de la lucha obrera independiente.
La fatal ausencia de la Coordinadora Nacional
Durante estos días de ascenso obrero algunos de los métodos
de lucha más utilizados para alcanzar las reivindicaciones reclamadas por las
bases -tanto las “económicas” como las más “políticas”- fueron la ocupación de
fábricas - incluso en ocasiones con rehenes-; la autodefensa; el ausentismo; la
baja deliberada de la productividad; las huelgas de brazos caídos (1); el
trabajo a tristeza (2); las huelgas solidarias, etc.
Es importante señalar, por las enseñanzas que implican para
el presente, que en las coordinadoras se expresaban libremente todas las
corrientes políticas combativas y revolucionarias. También, que este proceso marcó el inicio de
una transición hacia formas nuevas de organización de los trabajadores/as, ya
que se estaba incubando un verdadero poder dual (3) que de contenido
cuestionaba la institucionalidad burguesa.
El grave problema de las coordinadoras fue la ausencia de un
organismo centralizador de las mismas, o Coordinadora Nacional, que el PST y un
sector del activismo había reclamado en el Plenario de Villa Constitución. Esa
ausencia fue fatal, ya que la clase trabajadora quedó totalmente desarmada
frente al Golpe de Estado que comenzaba a organizar la burguesía frente al
fracaso del gobierno “democrático” de Isabel y compañía.
Cuando los milicos asumieron el poder los trabajadores no
tenían una coordinación nacional para enfrentarlos ni organismos de autodefensa
efectivos para frenar la tremenda represión que asesinó a miles. La burocracia
- que atacó deliberadamente cualquier posibilidad de construcción de este
órgano de coordinación nacional - y la izquierda guerrillerista - que mocionó
en contra en el Plenario de Villa Constitución - boicotearon la formación de la
Coordinadora Nacional.
Estos sectores - obviamente que por diferentes motivos e
intenciones - le quitaron a la clase trabajadora la posibilidad de contar con
un gran organismo de coordinación nacional de las luchas, una ausencia que
significó un retroceso enorme en la relación de fuerzas entre las clases en
este país. Más allá de este balance, el
proceso de desborde de los “cuerpos orgánicos” tradicionales de la burocracia,
llevado a cabo por los trabajadores/as durante la década del setenta debe ser
un ejemplo para la nueva vanguardia obrera que se está poniendo al frente de
los conflictos.
Para enfrentar con éxito el plan de ajuste y saqueo, que aplica
el gobierno de Milei, con el apoyo explícito o implícito de los viejos
traidores de la CGT y la CTA, debemos rodear de solidaridad a todas las luchas
e instalar entre sus bases la necesidad de que se desarrollen las asambleas democráticas
y que, a partir de estas, se establezcan mecanismos de coordinación entre los
diferentes sectores.
La unidad por debajo de los conflictos es una herramienta
que la clase obrera creó luego de años de experiencia, una metodología que va
de la mano de la toma de fábricas, los bloqueos, los piquetes de autodefensa,
el fondo de huelga, etc. La tarea de los revolucionarios y las revolucionarias
consecuentes es alentar esta dinámica, apoyándose en la experiencia de las viejas
generaciones de luchadores y luchadoras, aquellos y aquellas que en los 70
estuvieron al frente de las gloriosas coordinadoras.

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