Debido a las denuncias del periodista del diario La Nación, Hugo Alconada Mon, se hizo público el “Plan de Inteligencia Nacional”, un ambicioso proyecto de vigilancia interna elaborado por la SIDE. Para la izquierda esta noticia no resulta novedosa, ya que siempre denunciamos que la represión estatal contra las luchas y los luchadores está íntimamente ligada al espionaje interno.
Esto ocurrió durante la dictadura y continuó sucediendo en todos los gobiernos de la democracia capitalista, cuyos presidentes utilizaron y siguen utilizando el aparato de espionaje contra el movimiento obrero y los partidos revolucionarios. Sin ir más lejos, podríamos mencionar al Proyecto X, organizado por la gendarmería durante el gobierno de Cristina Fernández.
El gobierno libertario, que no es una excepción a esta regla, pretende avanzar más que el resto sobre las libertades públicas y los derechos democráticos, como ya lo demostró a partir de la imposición del protocolo anti piquetes y del intento de acabar con el derecho a huelga.
En materia de espionaje ilegal el
gobierno nacional ya había mostrado la hilacha, con la intervención de la SIDE
en la represión a las marchas de los jubilados. Pero, ahora, se hizo público un
plan del aparato de inteligencia que quiere ir mucho más allá, espiando y
persiguiendo forma sistemática a toda la disidencia política y social.
Esta
semana, el tema volvió con fuerza cuando trascendió que el PIN pondría como
foco de interés a todos aquellos que busquen erosionar la confianza de la
opinión pública sobre los funcionarios, o que generen pérdida de confianza en
las políticas económicas del gobierno o busquen manipular la opinión pública
durante procesos electorales[1].
En el actual contexto de crisis económica y sobre todo de crisis política (permanente) el gobierno nacional, aunque aún muy débil, buscará avanzar hasta donde pueda para llevar adelante el plan de ajuste, para lo cual necesita consolidar la maquinaria represiva y la parte de esta relacionada al espionaje interno.
Desde la izquierda revolucionaria siempre luchamos por la defensa de las libertades democráticas, no por confianza en este régimen político que garantiza la explotación de los trabajadores. Lo hacemos porque sabemos que siempre existen mejores condiciones para organizarse y luchar en un contexto en el que se respeten ciertas libertades.
La crisis terminal del sistema, que empuja
a los capitalistas a limitar o directamente aplastar estas libertades, convierten
a la pelea por estas en una cuestión fundamental. Un aspecto esencial de esta
lucha se tendrá que librar mediante la organización de tareas de autodefensa,
no sólo contra la represión abierta sino también contra estas medidas de
espionaje ilegal. La izquierda revolucionaria debe incentivarlas y organizarlas.

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