Más allá de la limitadísima victoria libertaria, el gran derrotado en estas elecciones ha sido el régimen político, la democracia burguesa
El gran derrotado en las elecciones legislativas de la Ciudad de
Buenos Aires fue el régimen político, la democracia representativa de los
capitalistas. Más allá de los resultados, que le dieron un moderado triunfo al
gobierno, el ausentismo fue la principal noticia, ya que tuvo un pico
histórico, con la asistencia de un poco más de la mitad del padrón.
La escasa participación
en las elecciones legislativas porteña marcó un piso histórico para la ciudad
de Buenos Aires con el 53,33% por ciento de los votos. La cifra es más baja que
la registrada en 2007, cuando en la segunda vuelta del 24 de junio votó un
68,28 por ciento del padrón[1].
Esto marca una tendencia, que, de forma distorsionada, también se expresó con el triunfo de Milei en las elecciones presidenciales. El movimiento de masas, mayoritariamente, rechazó al régimen político. Sus instituciones están perdiendo la capacidad que han tenido en el pasado para legitimar al Estado, que administra el capitalismo.
Esta crisis de legitimidad institucional, que involucra a los partidos políticos y al conjunto de organismos que conforman el Estado -congreso, poder ejecutivo, justicia, fuerzas represivas, etc.- viene de 2001, cuando millones explotaron gritando “que se vayan todos”. En ese momento, una de las expresiones, por izquierda, de la explosión, fue la gran votación de Luis Zamora.
El kirchnerismo y el macrismo, que, de conjunto, tratan de recomponer el régimen con discursos más tradicionales, fueron los grandes derrotados de esta elección. La izquierda, por su política de seguidismo del PJ, no apareció, como Zamora en 2001, como una alternativa, razón por la cual retrocedió en un distrito en el que siempre tuvo mucha representatividad.
El impresentable candidato libertario sacó más votos que los políticos de carrera. Sin embargo, esto no puede verse como un triunfo del gobierno, que a pesar de haber desplazado al macrismo no cuenta con una fuerza parlamentaria significativa. Para continuar desplegando sus planes depende, igual que ante, de los demás partidos patronales, la mayoría de los cuales salieron muy mal parados de esta elección.
En este marco, el fracaso del Frente de Izquierda de capitalizar la bronca obrera y popular contra los de arriba, demuestra que hace falta construir un espacio distinto, con un perfil mucho más radicalizado, que sirva para expresar y organizar en su seno a la nueva vanguardia. A esos miles de luchadores y luchadoras que están haciendo sus primeras experiencias en el proceso de resistencia, que tiene al frente a los choferes autoconvocados y a los jubilados.

Comentarios
Publicar un comentario